viernes, 21 de julio de 2017

Chiquísima

 Chica, mi chica, mujerísima primera dama de mis cosas, ¿dónde te escondes y por qué de mí de esa manera fija, inquebrantablemente cruel con lo que fuimos? Sabes que no he dejado de buscarte en sueños, como el niño a la madre y las piedras al suelo; eres a mi memoria como un punto de luz tan sostenido en alto como un sol e igual de esplendorosamente limpio, claro, perfecto. ¿Soy algo todavía, quiero decir al menos un reflejo imperfecto del otro que era, o ya me has olvidado, mezclado con los restos polvóreos de la luna nueva y esparcido en la aurora como esquirlas de hueso?

 Tengo esta primavera y este duelo conjuntos, hijos uno del otro, y allá fuera, en el mundo, todo dice tu nombre: cada esquina y su estatua, estás en todas las gargantas, te encuentro en dos de cada tres espejos, en las cartas que me llegan, los ojos vidriosos de las palomas muertas y la mirada esplendorosa de los niños, eres el centro colosal de mi universo, su galaxia más nítida y rotunda, ¿por qué entonces no vuelves y me rindes, me tomas, me engarzas y me enganchas a tu posta, con una soga al poste de tu cuello y no me dejas más hasta que acabe?, y hasta después vigílame la muerte, para que no me pierda en la Laguna cuando tenga que esperarte al otro lado...

jueves, 20 de julio de 2017

Cualquier mujer que no se te parezca



"Love is like a dyin' ember
and only memories remain..."

(Willie Nelson)

 Se nos regalan apenas unas horas y a veces encontramos con quién compartirlas. La mayor parte del tiempo, en todo caso, caminamos en círculos, sabiendo que los labios que besamos son apuestas perdidas, que los ojos que sueñas no son los que miras, sino aquellos otros, tan lejanos, tan tristes. Uno amasa un montón de recuerdos y luego... es casi como echar al fuego a un niño. Igual de cruel, tal vez un poco más... 

 Cualquier mujer que no se te parezca estará bien: una de pelo lacio y ojos negros. Luego qué más. Vivir como si nada, con nada más que menos que una amiga, apenas una amante de entretiempo, mientras llegan noticias de otra parte. Aprendes que no hay forma de olvidar a conciencia. Y que el amor es eterno cuando acaba.

Origen


Amor,
como un milagro,
 a través de las horas que perdimos,
vuelve, volver es fácil, sólo
contar los pasos al revés,
correr a popa, deshacer los finales,
las excusas, y recoger el fruto
que sembraste.

Un tornado que agarras
por la cola,
la última nota del último acto,
son sólo otras maneras del comienzo:
regresar es empezar a darse cuenta
de por qué los inviernos
están llenos de flores.

Tabú

 Cada vez que hablo del tema con una mujer... la mayoría... bueno, es una locura... si les preguntas qué les gusta... qué les atrae de un hombre... tienes que oír las respuestas... ¡Joder, cuando a mí me preguntan qué me gusta de una mujer digo el coño y las tetas! ¿No es así? ¡Eso es lo que a uno le entusiasma! Y si además la chica es agradable, una tía genial, pues eso que te llevas... Pero las mujeres, no. Las mujeres dan vueltas y vueltas. “Me gustan las manos de un hombre”, contestan, “Que lleve las uñas limpias”, “Que se duche”. ¡No, no, no, mis pequeñas! ¡Lo que estoy preguntando es qué os gusta de un cuerpo! Entonces dudan, dicen, tal vez: “Bueno, que sea ancho de hombros”, o “Que sepa llevarte...” ¡Que sepa llevarte! ¿Llevarte adónde? Luego está la del “Que sea cariñoso, detallista”, “Que no vaya con prisas”. Pero, preciosas: ¡la verga! ¡La verga, señoritas! ¿Ninguna va a mencionarla? Como si no importase... Entonces sí te dicen, como quien se tira un pedo en misa: “Bueno, si la tiene anchita, mejor que mejor”, “A nadie le amarga un dulce, jaja, jiji”. Pero en el fondo parece que la cuestión del tamaño no importase. A veces tengo la impresión de que una inmensa mayoría de mujeres adultas ni siquiera sabe qué le atrae exactamente de un hombre. Manejan apenas nociones vagas, imprecisas... como si nunca se hubieran parado a pensarlo. “¡Es que no sé!”, te dicen, “es un poco todo...” Un poco todo, ya... Lo más escandaloso que se atreven a mencionar es el culo, y eso como quien pide disculpas. Por último, te queda la impresión de que las mujeres que hablan más abiertamente de sus preferencias, estuvieran impostando. No puedes evitar pensar que mientras confiesan cuánto les gusta comerse una verga a la vez estuvieran peleando  con alguien, o contra algo...

 “A mí lo que me excita es gustarles a ellos”, me dijo ella, una vez. Y de algún modo creo que ésa es la respuesta más parecida a la verdad del asunto.   

miércoles, 19 de julio de 2017

Sangre de tu sombra


Es sangre de tu sombra,
-azul oscuro-,
hambre de apariciones
y reencuentros,
contigo al otro lado del espejo,
Reina de Corazones
sin cabeza,
Alicia arrepentida,
hija de puta.

martes, 18 de julio de 2017

(Todavía no) un reflejo

 Es como cuando caminas: pones un pie delante, entonces pasan cosas... pero un pie delante deja otro detrás. Si sabes perdonar, nunca perdonas. Porque no tienes que hacerlo. Como mear en el río, el pis se va, se pierde y ahora estás en otra parte y tienes hambre... Si te esfuerzas, entonces hay algo que no has entendido. Me parece. Y salir a buscar es dejar que te encuentren... 

Apriétala

 Trabar tus mulos, separarte las piernas hasta que sientas la punzada de dolor en las ingles, morderte la boca, los pechos, marcarte y entonces... ¡Raaaaac! ¡Todo para dentro! ¡Como el potito de los niños! ¡Así se hace el amor donde los hombres! ¡Bravo, Carlos! Con la exquisita sutileza del que sabe cómo acariciar la piel de una mujer, cómo tensar su carne... sin deslices románticos pero con ellos, con cierta parte de ellos, lo que hace dulce al dulce, esa punta de miel en los labios... La mayoría de las mujeres desea que las conquisten, que las tomen como un explorador reclama un territorio virgen. Muñecas y prostitutas pueblan las fantasías de uno y otro sexo. ¿Por qué? Porque el cuerpo de una mujer está concebido para ser reificado, para volverse objeto por momentos. Es un maravilloso receptor, el cuerpo femenino, un acumulador de inefable energía. A la mujer se le da, se le entrega todo lo que tengas dentro. Tan blanda y poderosa y perversa en el fondo. Hay hombres que se asustan. Temen hacerles daño. Se contienen. Y eso porque no entienden que en su aparente languidez la mujer sigue al mando. ¡Son tus deberes, idiota! No te preocupes por ella, sólo túmbala, tómala, inúndala, puéblala con las yemas de tus dedos, las palmas de tus manos, hazla nueva. Apriétaselo todo, apriétaselo fuerte. Ella sabrá como darte las gracias...