viernes, 17 de noviembre de 2017

El imbécil y la que se enamora del imbécil


 Pero esta cosa de que a uno se le peguen tanto las personas, quiero decir, en el recuerdo... Nos ofrecemos inermes a la primera salvaje que pasa y se nos lleva el corazón sin inmutarse. Luego vienen los llantos y el “No volveré hacerlo”. Pero en cuanto regresa Amanda Knox, ahí vamos, como locos.

 Tiene uno el corazón gastado y desgastado, lleno de mierda y liendres, como una enredadera seca, seca, sin agua, un niño sin amor o una condena a muerte. Y todo por las locas, las guapas, las buenas. ¡Cómo me puede, una guapa, tonta, loca, imbécil! Total, por lo que es una habitación con vistas y una noche flotando a la deriva. Después las reconoces, cada una en la siguiente y todas en la misma: una mujer-follada es un regalo abierto, un juguete sin pilas. La miras, mientras duerme, cuando estás bien saciado, y piensas: ¿y por esto la muerte? ¿Por esto? Tan seca de hermosura, agotada y sin lazo. Pura puta locura. Un misterio. Oxitocina y feromonas libres, flotantes, inicuas.

 ¡Y cómo se sirven de eso, las mujeres! Me refiero a la veteranísima técnica (transmitida de madres a hijas desde que nos diferenciamos como especie): “De entrada fóllatelo bien follado, hasta que no quiera escapar, o no pueda, o no sepa”. Por eso la mayoría de las mujeres se muestra tan dispuesta, al principio: el sexo viene a ser como una tela de araña. Y como el macho es tonto...

 Porque, señoras, lo que tenéis en casa no da para más. Es la verdad. El hombre resulta en general un pobre idiota con una polla por cerebro. En consecuencia, chicas, si el género masculino es capaz de empaparos las bragas y/o haceros perder la cabeza, tendremos que valorar muy en serio cuál de las dos partes resulta más patética... Está el imbécil y la que se enamora del imbécil. Hagan sus apuestas.

 Ese segundo de más (o de menos) a la hora de la pasión, esa marcha extra en su caja de cambios, es lo que las coloca por encima, a ellas. Una mujer, incluso en mitad de un polvo, es capaz de plantearse: “Sí, pero...” Y esa ventaja es decisiva. ¡La mujer (hasta la más obtusa) hace el amor haciendo planes! El hombre dice sí, firma lo que haga falta y después se suicida...

 Así que, las decisiones urgentes, siempre, siempre después de una paja.

 Para evitar lamentos post-coitales.

 No vaya a ser que luego no quieran que puedas.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Mentiras


 Acostumbro a mentirte, lo hago para que no te quedes mal, para que sepas que me importas como para eso. Te miento porque así es más fácil y no te atragantas con el hueso de la pasión, ni me lloras, ni te quejas de que el color de nuestro amor no pega con la alfombra.

 Te miento porque aunque seas persona para mí eres animal, sigues siendo animal de un tipo dulce y elegante, magnético azulado, pero hembra, y no la humana estricta que te crees.

 Miento porque tu coño habla mejor que tú, porque me entiendo con tu carne más que con tus manías, con tus desvelos torpes, tus historias sobre no ser suficiente y ese desarrollo de mujer cansada de no poder lo que quiere.

 A veces cuando me hablas de tu frío, el terror a tu temor y tus dolores viejos yo sólo espero el instante en que te desnudes y cierres la boca y separes las piernas: es mi mejor manera de ayudarte, de tenderte la mano, de coserte la herida. Lo demás es una pose interminable, un delirio a dos voces que no acaba en el que tú imaginas que no finjo y yo me invento que te soy sincero.

 Quiero tu cuerpo, nada más, y sólo. Y por tu cuerpo, a ti. No quiero broza podrida de discurso ni cena con velas ni atajos al Cielo, sino sólo tu piel y tu silencio, que nos hace mejores, que nos pierde de vista y nos encuentra.

 Es por eso que me lleno la boca de mentiras. Miento porque no quiero engañarte.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Viejóvenes


 Con Jaime, en el Antico:

- Me la follé, sin más- está diciendo.- ¿Sabes estas típicas viejóvenes? Pues eso. ¡Cómo engañan, las tías, en las fotos! Esperas una cosa y sin ropa es muy otra... Yo iba disparatado, quiero decir cachondo perdido, era la primera vez en... bueno, ya lo sabes... desde lo de mi ex... ¿hace ya cuántos meses? Y ella me envió esas fotos, me refiero a la nueva... Carlos, hazte a la idea de que llevaba catorce años tirándome a la misma... ni se me ocurrió decir que no...- suspira- Así que estábamos allí, en ese hostal de mierda que más parecía una casa de putas y de repente esa mujer va y se saca la ropa, o se la saqué yo, ya no me acuerdo. ¡Hostia, aquello era todo carne! Hay mujeres así: cuando se sacan el vestido se les descuelga todo... ¡Casi pierdo la erección, cago en la puta! Me puse a la faena con los ojos cerrados mientras iba palpando, porque estábamos los dos pelín borrachos... y ella pidiendo caña, que le diera de hostias, que la cosiera a nalgadas, cada vez más fuertes... empezaron a escocerme las palmas de las manos... y te prometo que mientras estaba allí, dándole con toda mi alma, pensaba: ¿Qué cojones es esto y qué estamos haciendo? Absurdo por momentos. Si te da por pensar eso con cuatro dedos metidos en el coño de la tipa de turno es que no andas muy fino... Y yo no andaba fino, es la verdad. Me la tiré dos veces. Y entre medias ella venga a acariciarme el rabo. Y yo tratando de recuperar fuerzas. ¡Cómo son estas gordas, joder! Al final resultan más cachondas que las que están buenas. Pero me aburrí pronto. No tenía sentido. ¿Estoy loco por decir que no tenía sentido? Y por supuesto volveré a tirármela, ya te digo. Pero va a pasar tiempo, porque acabé ahíto. Es una maravilla cómo uno es capaz de perder todo el interés nada más descargarse. Joder, ¡la hubiera mandado a su casa después del primero! Pero no habría estado bien. Ella pagaba el cuarto. ¡Nunca más una viejoven, Carlos! ¡Te lo prometo! ¡Con lo que hay por ahí! Pero esto había que hacerlo, tenía que follármela, ya ves. Así es como funciona. Fue como desvirgarme después del divorcio. Y a otra cosa. Mira, ya que estamos, ¿no puedes presentarme a alguna? Digo, mucho más joven. Sin nada contagioso. Y de todo esto no cuentes nada a nadie, bocas. Que nos conocemos...   

viernes, 10 de noviembre de 2017

Para que te me acerques

 

No quiero ir a buscarte,
así que ámame en llano;
no seas como esas locas
orgullosas,
déjate conquistar
fácil, sin nudos,
como bailan las olas
con el viento;
y no esperes un pulso
ni una guerra,
acércame tu mano
animal y de niña,
quiere que yo
te quiera,
no me hagas
perseguirte
ni sufrirte de lejos
como el ciego al paisaje,
si es amor, ven,
desnúdate del miedo,
vivimos, aún
hay tiempo.

martes, 7 de noviembre de 2017

En respuesta


 Dice que amar no es complicarse, sino lo más sencillo, lo más fácil. Yo creo que no, para mí se equivoca. Dice que salgas ahí fuera con el corazón a la vista y te desangres en público como un perro en la plaza.

 Pero no.

 Qué va.

 Será que a ella aún le han dolido poco.

 Porque se gastan los amaneceres, como se gasta el sol, y las promesas. Se van las ganas de esperarte siempre si siempre es cada vez que tengas ganas. “Tiritas pa´ este corazón partío”, cantaba el tipo aquél. Pero ya ni tiritas: cirugía mayor.

 Que no te creo, qué va. Que vas tú con tu sí y te revientan a hostias. Y luego vives sólo para recoger los trozos de lo que va quedando y llamas alma. Es mejor un “no” a tiempo, preventivo. Lo demás son canciones a lo Bryan Adams, mentiras como casas que te cuentan las viejas y los que no han amado sufiente.

 Dice que está de moda no sentir, y lo que está de moda es sentir demasiado: quererse invulnerable, fingirse resiliente empedernido y lanzarse a morir otra vez a la arena. Olvídalo, luego aparece la guapa de turno y te deja sin armas y te acaba por dentro y te deja a dos velas con tus muertos. Qué va, chiquilla. Nada. Ni de coña. Te dejo con tus libros de poesía, tus besos bajo el muérdago y tu historia pendiente.

  Mejor vivir para volver mañana.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Ponte guapa por dentro


 Ponte guapa por dentro. Suéltate de ese mástil, leva anclas. Aunque a nadie más que a ti misma le importe. Demuéstrate que puedes sin pararte a pensarlo. Quiérete como piensas, piénsate como quieras: cruza ese Rubicón, para de odiarte. Recupera la vida que perdiste. Ábrete al mar de dudas, zarpa sobre esas olas y no cejes ni dejes que vengan otros ritmos a cambiarte los pasos... Ten siempre qué esperar sin esperar la cura, agradécete el haber sobrevivido.

 Ponte guapa por dentro.

 Hazte las paces.

martes, 31 de octubre de 2017

A mí se me enamoran


 A mí se me enamoran. Y yo las dejo ser, las dejo en paz, para que corra el aire y no haya equívocos. Pero se me enamoran como locas. Y luego cuesta más decir que no, romper un corazón, dejar espacios. A mí quieren quererme, no les vale una noche, ni un gracias, ni un veremos. Así que busco una salida azul a su mar negro, a su afecto poluto, corrompido de ganas de asfixiarnos. Y me siento asesino de Julietas, como si fuera yo, y no cosa de ellas.

 No doy mi corazón, ni lo presto, no juego.

 Pero se me enamoran. Más amor del que no, con condiciones. Todas quieren quedarse y yo no quiero un techo, ni un amor de papel, volátil, lúgubre, pesado como se aman las palomas. Quiero sólo su sexo y su sexo de noche. Sin testigos. Para que no nos duela. Y nos nos mate.

 Porque ellas se enamoran (pero soy yo quien llora...)