jueves, 21 de septiembre de 2017

Trátame como a una pu...


 Sucede algo curioso.

Cuando te encuentras con una mujer, acabas manejándote en dos planos: el de lo que te gustaría hacerle/decirle en ese instante y aquel otro en el que te manejas con ella como un “caballero”. E incluso aunque lo sabe, ella lo sabe, o lo intuye (todo lo que tienes en la cabeza), existe esa frontera que no debe cruzarse... demasiado pronto. De hecho, para cuando se cruza, ya nada es lo mismo.

Porque te han dado permiso.

La evidencia del deseo (y las formas del deseo) se ha hecho palmaria, efectiva y manifiesta y su efecto mágico se ha diluido en la misma proporción exacta.

Es por eso que los juegos eróticos del después, del encuentro cuerpo a cuerpo, no logran alcanzar jamás las fantasías previas: porque aquéllos son consentidos y éstas, ilimitadas, secretas, inéditas.

Me hace gracia cuando me cuentan que alguien juega con su pareja al “como si”: como si fueras una puta, como si fueras un doctor, un policía, como si fueras mi madre, mi padre... Todo tan “como si” que no va a ninguna parte. Desmantela el secreto, lo pervierte.

“Trátame como a una puta” es la mayor de las farsas. Una pantomima terrible por absurda. Cualquier fingimiento pervierte el encuentro, lo aleja de su intención original, de la emoción que lo informa. La verdad es que “Trátame como a una puta” no significa absolutamente nada y además os convierte a ambos en dos tontos del culo. Por mi parte, cada vez que una mujer me pide que la trate “como a una zorra” antes de hacerlo yo mismo, suelo volver a guardarme la polla y largarme.

No por ella. Por mí.

¿Se entiende, lo que digo?

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Panta rei


 Que hay una sola persona y es cuestión de encontrarla.

 No es cierto.

 Existe un septuagesillón de personas compatibles contigo, y cada día te orientas/converges hacia otros tantos mientras te alejas de esos mismos que antes te quedaban cerca.

 Panta rei.

 También vale para las mujeres. Sobre todo para las mujeres, los amores...

 ¿Eres lo bastante cretino como para mantener la compatibilidad de caracteres con tu pareja durante treinta largos años?

 ¿Te has parado a pensar qué significa? ¿Qué dice eso de ti? ¿Qué dice de ella?

 Todo fluyendo alrededor con el paso del tiempo (el paisaje completo, en fondo y forma) mientras tú y tu pareja continuáis plantados ahí, contra todo pronóstico, como dos troncos secos, marchitandoos estación tras estación y año tras año hasta la muerte... Dos individuos que ya no se comparten, que sólo se soportan (por costumbre, por miedo, por pereza). Cada vez más ajenos, más poblados de cosas que no pueden decirse. Pero atados al mástil como Ulises. De camino al cadalso, sonrientes...

 Resultaría increíble, si no fuera porque vivimos en un mundo en el que hasta la pasta de dientes viene con instrucciones.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Mujeres en peligro (de extinción)


 Mujeres que se pasan la vida siendo guapas. Gastan su tiempo así. Siendo preciosas. Y nada más, que es poco más que nada. Una mujer que sólo es su sonrisa recuerda demasiado a una pizarra en blanco, a un estante vacío. Mujer florero, no: sólo florero. ¿Quién quiere una mujer que habla de maquillajes? Una que no se acuerda de olvidarse de sí misma por un rato. La preciosa constante es un montón de escombros. Hay mujeres así, por todas partes. De esas que lloran rímel y apestan a Kenzo. Las de la alfombra roja, el photocall, las firmas...

 Pero la loca despeinada y torpe, la que se pierde dentro y sale a respirar a las cafeterías, ésa, la que se queda en casa en día de fiesta y confunde los tipos de lechuga y no sabe planchar y nunca limpia, la que en secreto ya se ha dado cuenta y dice las verdades que le sobran... una de esas mujeres que se extinguen, de las que quedan menos que bisontes... una así para mí, cuando la encuentre*.

*Si se deja encontrar, que ésa es otra.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Piel


 Echo de menos tu piel. El tacto de tu piel. Ya lo sabíamos. Todo lo demás, no. Sino tu piel. Porque era blanda y tibia y dulce. Y estaba tan viva. Allí podía perderme. Sobre las dunas blancas de tu carne de luna. Y eso era el Paraíso. Cuando lo olvide todo y no me quede más que un único recuerdo, será el de tu piel pálida, el de tus mejillas.

 El resto, no.

 Los reproches, la ausencia estando juntos, el vacío.

 Todo eso vino luego.

 Aunque tu piel siguió, como un recordatorio de que tú eras tú misma y yo iba a la deriva.

 Así que cuando a veces me vuelves en sueños, sin buscarte, ya lejos, recupero esa parte que me falta, despojada de todo lo accesorio: de la guerra y la muerte de la guerra, del amor suicidado que perdimos... me quedo entonces con tu carne dulce, con tu piel sin invierno de cobijo.

martes, 12 de septiembre de 2017

Dónde has estado, chic@


 Te dejas los huevos (ovarios) intentando hacer que dure. Esta vez sí. ¡Esta vez! Pero no dura nunca.

Y repites.

Eso hasta que te cansas, te agotas. No das más. Te lo cantan los ojos, igual. Se te ve. Estás tan aburrido de lo mismo, de que te digan: “Ella no era pa ti”, chorradas parecidas. Como si hubiera alguien, una sola persona.

Como si la verdad no fuese que el amor no dura.

Nos han vendido una mentira hedionda. Culpa de nuestros padres, de los curas. Por supuesto, aún encuentras a más de un gilipollas con el bozal puesto, masticando las bridas de un matrimonio que apesta más que una fosa séptica, reteniendo las lágrimas.

¡Y te aconsejan, esos comemierdas!

El amor es pa´ un rato. Luego, caca. Se pudre. Él solito. La cuestión es que se mezcla con el miedo, y la plasta resultante es tan densa que se te pega al corazón como las moscas a la carne muerta. De pronto te da pánico arrancarte eso del pecho. Y lo llamas amor, como un cretino. Sólo porque una vez elegiste a alguien: pero ese alguien ha muerto y tú no eres el mismo.

Luego, cuando lo dejas (o te dejan), al fin explotas, gritas: “¡Joder, qué maravilla!”

Por fin descansas, a tomar por culo.

Ya no más malas caras. No más del mismo cuerpo (como si no existiera sino un único coño, cada vez más triste y consabido). No más chantajes, ni escenas, ni duelos.

Y no puedes creer que exista vida después de esa muerte de once, catorce, veinticinco años...

En el fondo es como si el propio mundo volviera a recibirte con los brazos abiertos: “¿Pero dónde has estado, chic@? ¡Venga un trago!”

Y esa sonrisa que te nace entonces es distinta a las otras...

...porque al fin es auténtica.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Lo que pasa después...


Con Juanjo, en el Antico:

- Es como cuando topas con la tía perfecta- dice-. Todo parece en orden hasta que la desnudas: de pronto encuentras que tiene los pezones horribles, o le canta el aliento, o tiene una jodida mancha de nacimiento en el lugar menos apropiado... ¡Digo yo que ya que están buenas, podrían estarlo del todo! Es como si no cumplieran su promesa, ¿sabes lo que digo?

- Supongo, sí. En fin, tampoco es un problema...

- ¡Pero cómo que no! ¡Dan ganas de dejarlas allí mismo y largarte!

- ¿Las dejas allí mismo? No me jodas.

- Alguna vez lo he hecho.

- Joder, eres un loco...

- Loco no: consecuente. Ellas prometen una cosa y luego... de repente un montón de varices escondidas, o cicatrices, o un listín de problemas psicológicos...

- ¿Problemas psicológicos?

- ¡Cuando empiezan a hablarte, de repente! Justo después del polvo, y se confiesan. Todas locas. Y si no todas, la gran mayoría: unas por algún trauma, otras acomplejadas... Y claro, las escuchas...

- Digo yo que no vas a....

- Pero mi norma es clara: si la charla dura más de diez minutos, la acompaño de vuelta a la puerta. Las hay que no se quedan con la copla, ¿sabes? Es decir, ven que te levantas de la cama y vas al baño... no sé, tú piénsalo: ¿qué coño haces desnuda, todavía? Si yo ya estoy vistiéndome... Hacen como si no se dieran cuenta. Ésa es la peor parte- una ligera pausa-. ¿Cuánto dura un orgasmo?

- Pues... ni idea.

- Pongamos diez... trece segundos. Quince. ¿Y después qué cojones...? ¡Por tan poco, aguantarlas! ¿No te pasa que las miras a los ojos, después de correrte, y sientes como esa especie de vaharada de rabia? ¡Yo no quiero servirles un café! ¡Ni contarles mi vida! Nada de eso. Pero terminas y te ves haciéndolo, porque no puedes... mandarlas a tomar por culo, simplemente.

- Como poder, sí puedes...

- Pero es que, si las echas, no vuelves a verlas.

- Hombre, normal.

- Si yo fuera mujer, me dejaría follar y volvería a vestirme...

- ¿Otro café?

- ¡Serán pesadas, coño!

- Tierra llamando a Juanjo...

Virtud versus vesania


 ¿Sabes esas mujeres que son muy inteligentes y además conscientes? Pues ésas no las quiero. Las listas, las mejores de la clase. Adiós, adiós. Una mujer así es una mujer-coñazo. Me refiero a las que leen un montón de libros y siempre tienen una estudiada opinión sobre todo y nunca dudan y si lo hacen es al estilo de Descartes y entonces se les seca el coño y ya no queda nada aprovechable.

 Una mujer filósofa, con gafas y abotonada hasta el cuello es una cosa terrible. Fatídica. Pero una mujer filósofa que además sea hermosa ya es la hecatombe atómica, el desastre.

 Hay una relación directa entre el C.I de una mujer y su relación con la entrepierna: ¡las mujeres demasiado brillantes practican un sexo intelectualizado! Incluso al liberarse lo hacen sólo al estilo Foucault, no de manera espontánea y con sabor a fresa. Por eso no me gustan y me cargan y me aburren. Cuando una mujer así hace de puta, hace de puta socrática y no de polvo perfecto. Son ésas mismas mujeres que te exigen que les tires del pelo mientras te las follas sólo porque lo han visto en alguna peli o lo han leído en un libro de algún pornógrafo de los sesenta. Todas padecen de un extraño síndrome de atrofia de la naturalidad, que si uno lo piensa es casi la mayor de las corrupciones humanas... Esta clase de mujer siempre sabe lo que tiene que hacer: jamás lo siente o lo adivina. Un porcentaje no pequeño de ellas padece vaginismo y/o aburrimiento (una cosa por la otra) y suelen atiborrarse a antidepresivos una vez cruzada la frontera de los cuarenta, cuando las lecturas ya no las motivan y llevan trece o catorce años casadas con el responsable de ventas de turno (o el abogado, o el industrial). ¡Olé sus coños tristes! Y lo siento por ellas, he conocido unas cuantas.

 Así que para terminar, un ruego: dame a las locas simples, las que siempre se dejan las llaves de casa, las felices que razonan con el coño y follan hasta tarde y rebañan el plato... todo eso que las hace (aún más) bonitas.

 Su bendita inconsciencia.

 Magia pura.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Sara


 Así vives y vuelas, chica de la vanguardia, lo más “in”, lo menos “mainstream”. Tienes los ojos puestos en lo alto, sobre la cima del mundo, donde te espera el des-invierno y una bandera a cuadros... Pero por el camino te deshaces, dejándote jirones de esa otra que fuiste, echándote de menos los jueves impares.

 Sara, te sobran luz y rizos, vida buena. Pero lo tuyo es como lo del tonto y el cofre del tesoro. Igual que una modelo sin espejo. Como los perros, que no saben ladrar siendo salvajes.

 Decidida a terminar de consumirte, de camino a la pira de los ojos ajenos, piensa por un momento: ¿qué va a quedar de ti, después? Cuando por fin te sepan todos (todo el tremendo mundo). Terminarás como uno de esos tópicos, la Mona Lisa o Dama con perrito... ¿Más tarde, qué? ¿Para quién, tanto esfuerzo? Serás una viejita linda, con historia y cansada. Sobre todo cansada. Y tan distinta a ti que no vas a saber cómo volver a casa...  

viernes, 8 de septiembre de 2017

Memoria


 Suenas mejor desnuda: más sinfónica, artística, poética; firmando nuestros besos en silencio, bajo la luz de la luna y a sorbos, lentos como las horas en que escapas, te pierdes, y luego es como el hambre, sin ti, con el resto...

 Bailas mejor sin ropa. Yo lo he visto. Contra la sombra azul que dibujan las velas, sobre la alfombra húmeda- después, y antes del próximo-. Me sabes a desastre sin remedio, pero dulce y alegre, como esos niños locos que se cruzan a veces, o la canción del mar en la tormenta, o un resto gris de viento que se para y desliza sobre la carne sedosa de un pétalo...

 Eres una criatura sin contornos, casi pintada en sueños, de ésas completamente extrañas, peligrosas... pero el aviso llega tarde, como la experiencia, y ya no sé seguir si no es contigo...

 ... quedas como la rima que resuena del verso: eterna en mi memoria enamorada.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Dedos para amores


 Chica, me niego a amarte desde lejos.

 De lejos no es amor, es cachondeo.

 No voy a ser otro más que te busca, otro más al que dejas, otro más que te sueña mientras te faltan dedos para amores. 

 Tienes esa costumbre (que te viene de años), de esperar a que lleguen y se postren, como si fueras algo más que solamente carne. 

 Me resisto a amarte tibio, sin contacto (mientras mandas tu voz, tu risa azul, tu trampa, igual que el cazador, pero sin hambre).

 La dueña del silencio más caro de la historia.

 Pero no quiero más de tan poco y tan triste. 

 Si no me buscas tú, yo feliz de perderme. 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Rara


 Una mujer normal es normalmente aburrida, infeliz y satisfecha con lo suyo. Tan parecida al resto que da grima. Una mujer normal ama normal, siente normal y hace todas las cosas comme il faut, sin imaginación, sin fantasía. Una mujer normal transita las antípodas de la locura. Una mujer normal jamás pierde las formas y sus formas son cada vez más lisas, planas, sin brillo, como una pátina de grasa vieja sobre la superficie de un espejo. Una mujer normal es un cristal opaco, mustio, sucio de todo lo que se le adhiere y no la suelta y acaba con ella.

 No es lo normal el amor de los normales (aunque sea lo normal por mayoría). Porque el amor no es normal cuando es en serio.

 Así que lo normal es no encontrarla- a la mujer extraña-, por ser rara.

 Y es justo la razón por la que importa.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Los nombres del Amor


 Cuando estaba en EGB me contaron que la química del amor funciona siempre como un atrapamoscas, más o menos igual que el olor de una panadería... Y aunque sé que esto es cierto, me chirría... El amor tiene forma de vasija, pero vasija inmensa, más o menos del tamaño del universo observable (sólo del observable, que no es poco). Y el problema es que usamos una única palabra para lo que necesitaría de muchas. Aunque el amor es una sola cosa, no es una sola cosa en el mismo sentido en que un dado es un dado...

 Por otra parte, Darwin era un señor que no sabía de amor. Un viejito muy listo... pero tan eminentemente práctico que para respirar primero calculaba.

 Con esto quiero decir que la próxima vez que te enamores te sientas flor y también mariposa. Te sientas colibrí. Te sientas pura abeja. 

Y las abejas no se tienen por abejas.

 Lo mismo tú, ¿de acuerdo?

jueves, 31 de agosto de 2017

A heavenly sigh


 Dice que tiene miedo de estar sola. Luego que no: lo que la asusta es estar mal acompañada. Ya lo estuvo. 

 Me confiesa que echa de menos el roce, pero no quiere a nadie que no quiera. Ella no sabe darse sin amor, lo intentó alguna vez y no funciona.

 “Cuando empecé a conocer a los hombres”- me cuenta- “dejé de esperar nada de ninguno. Los hombres son así, bastante cerdos.” 

 Quizá tenga razón. O hable su miedo.

 Yo también tengo miedo. Lo siento aquí como una plasta densa, oscura y que se cierne (sobre mi corazón, el que me queda). 

 Miedo a que decir que sí.

 Miedo a que alguien me importe.

 A ella no le da miedo, le da “susto”. Que es un poquito menos. Algo es algo. 

 Me gusta hablar con mujeres valientes. Las mujeres valientes son sinceras. Es una consecuencia de atreverse. Dejas de reprimir lo que te ahoga. Y te manejas por el mundo de otra forma. “Espero lo mejor de los demás”, me dice.

 Entonces se me ocurre que no puede ser mala. 

 Que no podría fingirlo aunque quisiera.

 Y sonrío.

miércoles, 30 de agosto de 2017

A woman like this


 El mundo está plagado de hembras-lobo, vampiras, operadas, viudas negras... pero también debe de haberlas dulces, plenas de luz, sin sombras, que te mezan y te cuezan en su salsa de amor desde que te levantas hasta que te acuestas.

 De ésas, yo quiero una. 

 Alguien que me despierte sin palabras, con todo lo demás (lo impronunciable), ajena al pensamiento de las cosas, cuerda por estar loca, mapa del territorio de mi ensueño...

 Una para las tardes de vacío, para hacerle el amor mientras repica la lluvia sobre la chapa del tejado y se curvan las flores y la gente en la calle corre hacia los aleros y los soportales llenos de mendigos...

 Y otra (que sea la misma) para las noches sólidas de luna, plena de esa luz pálida sobre la piel, como un espejo antiguo donde perder el miedo a reencontrarse...

 Una mujer así tal vez no exista...  lo cual, por una de esas burlas del Destino, parece el mejor modo de hacerlo para siempre.

lunes, 28 de agosto de 2017

Un quién tan largo...


 Tengo ganas y son ganas de alguien. 

 De hacer el amor y también de hacer crepes.

 (Hay días que dedico enteros a adivinar el corazón de la mujer que viene: y por el corazón le veo la cara. Me gusta, porque es buena, y eso la hace bonita: mágica como la resaca de un poema.) 

Siento el llamado de su cuerpo tibio. 

De su felicidad.

De su promesa.

 A veces eres tú, más a menudo nadie. 

 Y dejo de buscar.

 O me entretengo en fingir que no lo hago.

Ya he contado hasta dos millones treinta.

 Trescientas veces tres, un gúgol de heptillones.

Dijiste que vendrías.

Año y medio después, me sobra espacio.

(¿Cómo iba a imaginar que un “quién” se haría tan largo?)

Blowing your mind


 Luego existe esa clase de mujer que te obliga a buscarla casi como si estuvieras jugándote algo. Le sigues la pista (a las claras o en secreto) y te pierdes en ella, más con cada negativa, peor con cada nuevo rechazo. El hecho es que las encuentras demasiado interesantes, intuyes en ellas un tipo de naturaleza que encajará contigo y haces todo lo posible por que ellas lo entiendan. Y eso aunque a veces ni siquiera se detengan a considerar tu oferta, como si de algún modo resultaras a sus ojos demasiado brusco, explícito o incluso real, sobre todo real, tal vez... Así que las asustas (qué cansancio, cuando las asustas) y ellas se recogen, huyen de ti, se ocultan y se esconden en lo más profundo del sustrato, pero tú no consigues olvidarlas, para ti el mundo no funciona de ese modo. Mientras hay vida, hay esperanza, y sus nombres aún te vuelan la cabeza (blowing your mind) de esa manera extraña, incluso años después, como un cruce entre el sueño y el milagro...

 La cuestión, según parece, sigue siendo alcanzar y mantener el complicado (por sutil) equilibrio entre la devoción y la psicopatía.

 Con un poco de suerte...

viernes, 25 de agosto de 2017

Nosotros dos


A ella...

...cuando sueño te me cuelas como a borbotones, oblongos tajos limpios de arma blanca -y en mi garganta sólo habla tu nombre-, como un cadáver que no acaba nunca, igual que una memoria, involuntaria y larga como una vida que soltase amarras yendo al pairo, con el sol al otro lado de la línea de mar que nunca alcanzo...

...qué cansancio de siempre no y tan lejos, de todo lo que evita mostrar el deseo, todo lo que se acaba y duele y ya siquiera duele, de los recuerdos que pierden su forma, de las garras del Tiempo y tanta gente, tantos que no sin tú, dos que no son nosotros, por todas partes dos, un par, y yo tan uno a solas...

...ojalá que te venga yo en sombras, como imagen de luz cuando cierras los ojos, y no puedas cambiarlo ni mirar a otro lado y aún te duela, como el pulso en la herida de un costado, y aunque no me lo digas yo lo sepa, y pueda ser lo último que veas cuando ya sólo te quede una mirada...

...ojalá que los dos, alguna vez, por suerte, en alguna esquina incauta o escondite imprevisto, y que no quede espacio más que para ir de frente, encontrarnos así, como un Destino, cada uno con el medio abrazo que nos falta, más el caudal de besos que dejamos pendientes...   

miércoles, 23 de agosto de 2017

Lasciate ogne speranza...


 ¿Qué os pasa a las mujeres? En cuanto encontráis a alguien os aferráis a él como la Tierra al Sol y se acabó la fiesta para todos, como si de algún modo fuerais sencillamente incapaces de caminar solas (vais a decir que podéis, pero echaos un vistazo...); mujeres perros de presa, en constante monitorización del nido... rasgos esquizoides, inseguridad crónica, naturaleza gris, especie de Erzsébet Báthory en cada una de vosotras... ¿De qué tenéis tanto miedo? Comeos una manzana. Salid a pasear. Haceos un dedo. Por los buenos tiempos que han sido, y por los que vendrán, abrazad vuestra soltería como una invitación de lujo a la soledad entendida como forma de catarsis y nunca de abandono cruel ni de tragedia. ¿Qué os pasa a las mujeres? Cuánto miedo. Cuánta mierda de miedo.

 Y qué derrota del espíritu.

 La vulnerabilidad parece un requisito indispensable para ser hembra sapiens. Y hacéis bandera de eso, por acción u omisión, casi todas, lo cual es triste y sórdido. ¿De verdad sois tan poco, a estas alturas? Siendo tantas... Acojonadas por la solitude, y más tarde por el potencial abandono, la desatención, desafección, traición, desvío de recursos... Mujeres asustadas: ésas son las peores, las más locas. Los palos en la rueda. Las bombas de neutrones secretamente engastadas en el seno de este modelo de relación de pareja que todavía alimentamos entre todos.

 Y así sigue al acecho, la mujer-cadena, la arrogante y castradora mujer-cárcel. Igual que hizo su madre. Como un engendro infecto desprovisto de amor y atributos carnales. Sin clítoris, pero con espoleta. Con un solemne aviso grabado en la frente (para los incautos polinizadores):  

"LASCIATE OGNE SPERANZA, VOI CH'ENTRATE."

martes, 22 de agosto de 2017

Muñecas


 El gran error de la naturaleza es haber juntado en un mismo lugar amor y sexo, hacer del epicentro de ambos el cuerpo femenino. Porque de ese modo no hay forma de evitar la reificación de la mujer cuando ocurre el encuentro sin amor. Todos los hombres hemos pensado alguna vez en las ventajas de la mujer que nos gusta (físicamente) desprovista de esa necesidad de ser “sí misma”: el ideal del lujurioso será siempre la pura muñeca de carne, pero esto no ocurre en realidad, ni aún en los casos más sangrantes de sometimiento consentido. Así nos conformamos y ellas se conforman. Y mientras tanto el sexo se perpetúa como moneda de cambio... En fin, genios de la cibernética: ¿para cuándo el tecno-coño?

 Gracias.

lunes, 21 de agosto de 2017

Guapa/graciosa


 A veces tienes que fingir que te interesa lo que sale de la boca de la guapa/graciosa de turno sólo para tirártela a gusto. Esto lo hacemos todos y es un clásico. La mayoría de las mujeres se piensa más interesante de lo que es realmente, así que si vas con cuidado y sabes fingir bien un poco aquí y otro poco por allá es posible que llegues a buen puerto...

 La guapa/graciosa suele, también, ir de sensible por la vida. Le apasionan las obviedades del estilo taza con muñeco y letras cuerpo Comic San en la que se lee, por ejemplo, “¡Buenos días, princesa!”, los cuadernos de anillas donde escribir un diario que sólo a ella le interesa y los artículos de Tiger, tipo imán de nevera con flequillos, etc. ¡Tienes que lidiar con toda esa chorrada, chico! Porque ella tiene el Coño. Es la Reina del Conejo y tú sólo un edecán con una verga al filo de lo imposible...

 A la guapa/graciosa háblale de poesía. Engatúsala así. Ella cree que entiende porque ha leído a Neruda y a dos más. Todo lo que esté escrito de forma que parezca recargado, florido, compuesto, hace que se le empape el chisquiwiski como un paño de cocina después del derrame. Aprovéchate de eso.

 La guapa/graciosa va por ahí con camisetas de animales sonrientes y dice que la vida merece la pena porque lo leyó en un libro de Wayne Dyer. Además, le gusta que la saques a pasear bajo la luna, las cenas con velas y cualquier otro topicazo de las películas mainstream que le apasionan. Es una de esas mujeres que todavía llora con La vida es bella, de Benigni, y que de vez en cuando se deja ver en manifestaciones por la liberación de la mujer con una pancarta que dice “Es mi cuerpo y yo decido”...

 La guapa/graciosa intenta desesperadamente ser feliz. Por si eso no bastase, trata de empapar de idéntico espíritu jovial a sus amigas gordas y/o menos agraciadas, en todo lo cual se adivina un ligero tufo a condescendencia de la más vil de la que ella no parece jamás demasiado consciente.

 La guapa/graciosa dice siempre que hay que aprovechar el tiempo, le encanta viaja cada vez que puede y saca muchas fotos.

 A la guapa/graciosa le gusta todo el mundo y utiliza a menudo la palabra “empatía”.

 La guapa/graciosa tiene amigos feos y gordos (de hecho su mejor amigo es siempre feo y rellenito, y si es posible, incluso un poco gay, si no del todo), pero se enamora en todos los casos del guapito del jaguar que por casualidad es abogado, ingeniero o cualquier otra cosa que se le parezca.

 La guapa/graciosa es un caso muy triste. Pero es guapa. Y graciosa.

 La muy cabrona...

sábado, 19 de agosto de 2017

Pisar la Luna


 Paul McCartney dijo una vez: “Haber estado en The Beatles es como... bueno, si has ido a la Luna y has vuelto, ¿qué te queda por hacer?”

 Esto es un poco igual. A veces conoces a alguien que te enseña otra manera de ver la vida, de entenderte a ti mismo, alguien que es capaz de verte (por fin) como eres para darte (casi) siempre la réplica adecuada... Y entonces, si no eres imbécil, te enamoras.

 Una vez que has tenido contigo a esa persona, ya no quieres menos. No se trata de que sólo exista ella, ni de que, tras la ruptura, la busques exacta en todas las siguientes. Pero esa experiencia en común te abre los ojos a una cierta calidad humana, un grado de profundidad en el encuentro al que ya no vas a renunciar en adelante. Y eso porque sabes que todo lo que quede por debajo, cualquier persona que no sepa calarte de la misma forma, sencillamente no te vale. No te sirve. Sería como hacerte trampas. Si decidieras conformarte y elegir para ti a una mujer que sólo “está bien” o “no es tonta”, sabes que a la larga no funcionaría.

 Ahora (después de ella) eres consciente de todo lo que puede dar de sí la sintonía entre dos almas y la consecuencia (alguien diría el daño colateral) de haberos conocido es que las demás se quedan en tan poco, pero tan, tan poco... De pronto lo ves claro: todo el vacío, el desfile de mujeres que no dan para más ni aún a pesar de toda la belleza del mundo... no va a ningún sitio. Es como lo de Paul McCartney... ¿qué haces en adelante? ¿Con qué cara las miras, a todas ésas que vas conociendo y hacen lo que pueden, pero sin la más mínima posibilidad de encandilarte? Una vez que has descubierto el truco al mago...

 La otra opción hubiese sido no llegar a conocer a esa primera...

 Porque sin polvos no hay lodos.

 Pero, bien mirado... ¿quién va a decir que no a pisar la Luna?

viernes, 18 de agosto de 2017

Nadienadas


 Satisfacer a las nenas no es difícil. Lo desesperante es esa sensación que te queda después, la impresión de que tú les das algo que ellas no te devuelven. Entonces sobreviene el vacío. Aunque se pretenden diferentes, ninguna de ellas lo es en lo esencial. Es fácil tomarles la medida, si atiendes a los signos, a la forma y no al fondo (porque la forma es el fondo visible). Cuando se habla de que la mujer es complicada no se entiende lo esencial: un gato es complicado sólo si dejas de tratarlo como a un gato.

 Así que las ayudas a reconciliarse consigo mismas (con esa idea romántica que tienen), haces por ellas todo lo posible y luego las dejas ir. Y es porque las dejas ir que regresan a ti con más fuerza. Como los niños y las ofertas de temporada.

 Por el camino, en caso de que sobrevivas, vas dejando tajos sueltos de tu corazón puro, gigantescos cúmulos globulares de tu propia alma herida.

 Continúas esperando.

 Pero esperar es sólo otra forma de llamar al ejercicio de vivir sin hacer planes. Mientras tanto el sexo va marcando el tempo: cada coño es un hito, otro punto en el mapa. Y dejas ir los meses, que son años. Quizá en alguna de ellas intuyes cierta claridad, y casi te decides a entregarte. Pero el asunto falla (como siempre) en el último momento. Hasta ahora sólo has conocido dos, quizá tres mujeres, que merecieran la pena. ¡Y a una no te la tiraste! Las demás, piensas, han sido para ti como depósitos de esperma, autómatas sensuales, nadienadas.

 Y cada vez la belleza sabe a menos. Quizá porque aprendes a distinguir mejor lo que hay debajo. Da muchísima pereza volver a abrirte a alguien. Por todas esas ocasiones en que te acercaste y fue como alejarlas. Porque no fueron lo que parecían. Otra cita, otro coño sin sentido, e incluso te preguntas para qué existen mujeres como ésa. Supones que para el sexo y poco más. Cosas de la Naturaleza. Al final llegas a la conclusión inevitable de que joder, como comer, no te salva la vida: sólo evita la muerte.

 Si las mujeres pudieran ser más, otra cosa, algo distinto... 

 Mujeres, pero mejores.

jueves, 17 de agosto de 2017

Existe el amor


 He dicho que el amor existe. EXISTE. El amor existe.

 Pero se agota.

 Acaba.

 Languidece. Periclita. Se extingue.

 Inevitablemente.

 ¿Qué parte es la que no entendéis, mis queridas, perfectas, maravillosamente ajenas a la evidencia, criaturas femeniles?

 “¡Yo conozco a dos que todavía se aman!”, chilla la loca del fondo. ¡Pero no, chiquilla! ¡Se a-pre-cian! No se aman. ¿Después de cuánto? ¿Diez años? ¡Qué especie de condena...!

 Os aqueja un mal terrible, princesas sin corona: la oscura NECESIDAD de que el amor sea cierto más allá de sus límites. Tu marido NO te ama, desgraciada balbuciente, abre esos ojos tuyos llenos de legañas y enfrenta la evidencia: lo que tu marido hace contigo es sólo tolerarte...

 ¿Pero hemos dicho diez años? ¡Y cinco también! Eso que viene después es el consuelo de los tontos. ¿Qué quiere significa el consuelo de los tontos? Llevarse bien, hacer la compra juntos, follar de vez en cuando, aprender a aguantarse...

 Como viene, se va. Y hay tanta gente hermosa. Tanta mujer preciosa que si tu marido hablase... ¿Crees que ya lo sabes? ¡Tú no sabes nada, ni lo hueles, siquiera! No hay cuerpo de mujer que aguante cuatro años sin resultar cansino (si lo gozas a buen ritmo). Después quedan las raspas de un amor que no puede plantar cara al hecho duro e incontestable de que hay otr@s...

 En toda pareja llega un momento en que se elije resignarse. Y ese momento coincide con la muerte del amor y el principio del cariño purulento.

 ¡Y antes de que protestes, loca de los rulos! POR SUPUESTO que quieres a tu pareja. Pero no del mismo modo. Y es aquí donde aparecen los expertos para hablarnos del amor entendido como ágape y demás gilipolleces de laboratorio. Lo cual está muy bien. Vaya qué sí. Considerada de esa forma, una pareja hace la misma compañía que un ejército de gatos o una abuela sentada en su silla de mimbre. Pero tú y yo sabemos, aunque te duela por dentro, que ya no es lo mismo, que no sabe igual, y que partir de un cierto punto hay que hacer de tripas corazón y conformarse... si es que no te decides a ser libre.

 Esto lo sabe casi cualquier hombre.

 A las mujeres les cuesta más asimilarlo.

 El amor viene, el amor va... Con la posible excepción del caso de los simples: porque el amor del simple, del imbécil (en su sentido etimológico), suele ser más durable... Si un día (malévola de ti, ¡oh, atrevida!) te decides a parar a la siguiente pareja de ancianitos que se te cruce por la calle (en caso de que no pertenezcan a esa nueva hornada de abuelitos que también se divorcia), comprobarás, con sorpresa, que ni ella ni él dan para mucho más: de bobos, resultan tiernos... Justo ese vacío les ha mantenido juntos.

 En definitiva, lo que os gusta del amor a casi todos es el amor en sí mismo, esa idea vuestra loca del amor exclusivo y excluyente... y haréis cualquier cosa para mantenerlo, incluso arrastrar con vosotras a un tipo que está aburrido de follaros pero jamás va a decíroslo (porque son muchos años, porque a estas alturas, porque qué hay de los niños...). Os conviene creer que no es así. Que os ama como siempre. Que no está hasta los huevos. Pero vuestra pareja va al bar y lo cuenta, que vive aburrido y cansado de vosotras, pero que en cierto modo os quiere mucho...  

 Si a eso llamáis amor, no me extraña...

miércoles, 16 de agosto de 2017

Zorra pero divina


 Es curioso, porque uno se llena la boca con la historia de las mujeres desinhibidas, pero si resulta que es demasiado guarra tampoco la quieres. Y digo guarra porque guarra no es lo mismo que libidinosa. La guarra es una criatura distinta, más insegura, de peor especie, en sí un peligro público. Entre los hombres circula el clásico comentario: te tiras a la cachonda pero te casas con la mamá responsable. Y eso, aunque real, es sólo medio cierto: porque si puedes tener una cachonda que sea a la vez mamá responsable, dios te lo bendiga. Pero se entiende que ellos lo comenten y se comprende aún más que ellas tomen nota. Por la cosa del miedo al qué dirán, las consecuencias indelebles del etiquetado...

 Yo no quiero una monja, pero tampoco todo lo contrario. Si vas a ser Hugh Hefner te deseo suerte. Porque es un viejo triste, se lo ves en los ojos. Hay algo que no cuadra en él, algo ortopédico, papel cuché, repintado y maloliente en esa historia de las tetas de goma y los gorros de marinero con bata de seda. ¿Es el sueño de cualquier hombre? No lo creo. Casi cualquier mujer es más lista que eso. Si se inventara la mujer a la carta... con boca en diez colores y doce tamaños, coño a presión regulable, veintiséis tonos de piel, a elegir el carácter... La publicidad podría sonar así: “¡Con todo lo bueno de una mujer!” Se sobreentiende entonces que sin todo lo malo. ¿Pues sabéis qué? Tampoco la querría.

 Resumiendo: nadie quiere a la guarra, pero la guarra existe. Entonces, ¿para quién? Para la adolescencia psicológica del hombre. Para su simple desahogo animal. ¿Qué dice de una puta, que lo sea? Me refiero a que lo disfrute. ¿Qué pasa si le gusta? ¿Es más puta por eso? ¿Se puede ser más puta que una puta? Definitivamente sí. ¡Y ésas son las peores! Pero si eres mujer y puedes permitirte ser una zorra que sabe que lo es, entonces selo. Marca la diferencia. No hay condición más alta, ni superior posición de poder. En el fondo, Venus era una meretriz consciente. ¿Cuántas fantasías de dominación, qué cantidad insospechada de pajas a la salud del macho dominante pueblan las noches de la mayoría de mujeres de occidente? A los datos me remito: cada vez que se hace una encuesta anónima al respecto, los católicos y las amas de casa se llevan las manos a la cabeza: un abrumador porcentaje de participantes en el estudio desea, anhela, vive desesperada por una verga como vara de mando que le hunda la cabeza en la almohada, un par de esposas, un látigo, un potro de tortura con pompones...

 Así que él quiere una puta (que no lo sea del todo), y en ella hay una puta (consciente) con miedo de mostrarse. ¡Imaginad qué maravilloso encuentro el día en que ambos se desprendan de sus máscaras! ¡Van a encajar como jugando al tetris! La clave es la consciencia, una vez más. Saber saberse bien. Conocerse en detalle. Y es que de cerca lo zorra no se nota (ni lo sátiro). Zorra pero divina. Sólo divina, cuando sabes serlo...

El Amor (según algunas)


 Mis pequeñas durmientes, cándidas y cognitivamente semi-perturbadas mujeres lectoras: hacemos nuestra apuesta en el amor, ¿y qué ocurre después? Perdemos siempre, en cada caso, sin posibilidad de error ni redención, sin vítores de vuelta a casa ni felices perdices al horno. Vuestro amor eterno es sólo un elegante oxímoron, una paja mental, un laberinto a oscuras. Una ilusión ardiente no cambia los hechos. Sé que estáis locas por amar, porque la mujer nace para el amor como el manzano para dar manzanas y las horas de luz para los ojos abiertos. ¡Pero el amor es como un pedo fresco! Al poco queda en nada. Y menos que eso. Sé que esperáis el amor agazapadas, al acecho, con la vista puesta en el gallardo caballero que deberá aparecer por lontananza... y cuando se retrasa os tiráis de los pelos, se os corta la mayonesa, os lanzáis de cabeza al psicólogo. Pero el error no está en el caballero ausente, sino en vuestro loco corazón tullido. No seáis como las niñas, como las tontas torpes que andan como locas buscando un refugio. No va a llegar el hombre que os rescate. Y si ya tenéis uno, bueno, él no es más que otro más, una polla parlante; tan pronto os ama como os deja, su corazón no entiende de contratos. Lo mismo ocurre con el vuestro. Y es lo normal, natural, deseable. La vida es variedad, como un puesto de frutas. Y el amor es como un mango que se pudre: lo mata la rutina, el tiempo juntos, la propia dinámica del cambio (porque tú ya no eres tú y él ya no es él). Así que aprovechad mientras aún está fresco. No os enterréis en vida pidiéndole al amor más de lo que puede daros. Los hombres son criaturas imperfectas (y perfectas en eso), la química se agota, la confianza se pierde (porque se traiciona o se pervierte) y de pronto ya no sientes nada o no sientes igual y empieza la tragedia. Quizá se cruza un tercero en el camino, ¿y quién manda en el instinto de conquista? Vuestros votos son papel con que limpiarse el culo. El amor no cabe en ningún ritual, ya sea pagano o religioso, y una sola persona no basta para siempre. El mundo es un enorme patio de colegio, un gigantesco parque de atracciones.

 Ama el amor en distintas personas. No lo restrinjas, lo seques, lo pudras, limitándolo a otro único corazón. No llames tuyo a nadie. Ni deposites en nadie tu tesoro, que es esa libertad para amar sin medida, para volver a amar cada vez que se acaba. No te emborraches con la idea estúpida de que hay alguien ahí fuera, una sola persona, distinta a las demás, perfecta para ti cuando la encuentres. Lo que es perfecto hoy, sólo es perfecto hoy. Aunque hoy dure diez años. Luego acaba. Y acaba porque cambia. Porque la vida es rica, inabarcable, y las cuerdas del violín se desafinan solas. Cuando alguien me cuenta que lleva quince, veinte, treinta años con la misma persona, yo sé (sé a ciencia cierta) que esa persona es torpe, que está ciega, y rezo una oración por ella y por el otro. Dos tontos mucho más que tontos. Dos niñitos con miedo. Mamá y papá, la mamá del papá y el papá de mamá. Salvando el vértigo de renunciar a la costumbre. Viven y mueren juntos. Y él sabe que algo falla. Echa de menos todo lo que ella no puede, no sabe o no quiere darle. Pero cambiar ahora es una idea terrible. Para personas así, la vida siempre parece demasiado grande y terrible. Se niegan a vivirla solos. Así que encuentran a alguien y ya no lo sueltan así les den por culo con un cactus. Aguantan carros y carretas. Hasta el último día. 

 Ya lo sé, chica, te repites que el amor existe, que existe de ese modo perfecto e inagotable y que sólo depende de encontrar a la persona correcta. Lo cual se explica en parte- que lo creas- porque eres mujer y a la mujer le gusta imaginar que el amor es un pastel de nata con una guinda en lo alto. Así que te corres de gusto con las historias al estilo “El hilo rojo del destino” y demás arsenal del desconsuelo. Porque si no te colgarías de un árbol, ¿a que sí? Lo harías. “Sin el amor, para qué”, te repites. “Si amar va a ser lo que he vivido hasta ahora... imposible, ¡debe de haber algo más!” Y a continuación, como todos los imbéciles que en el mundo han sido, incurres en la falacia: “Como A no me gusta, A debe de ser falso”. Así, por las buenas. ¡Con dos ovarios! O, también: “Como deseo ardientemente X, entonces X debe existir y serme concedido”. ¡Olé, ahí, Paulo Coelho! ¡Tócate los huevos bocabajo! Así que el amor eterno existe PORQUE tú lo necesitas. ¡Viva tu coño! Resulta muy curioso, porque ésa suele ser, irónicamente, la fe de miles de divorciadas, solteronas y mojigatas monjiles que no se han comido una verga en su vida. Normal, mis desqueridas.

 Y lo que os queda.