viernes, 17 de noviembre de 2017

El imbécil y la que se enamora del imbécil


 Pero esta cosa de que a uno se le peguen tanto las personas, quiero decir, en el recuerdo... Nos ofrecemos inermes a la primera salvaje que pasa y se nos lleva el corazón sin inmutarse. Luego vienen los llantos y el “No volveré hacerlo”. Pero en cuanto regresa Amanda Knox, ahí vamos, como locos.

 Tiene uno el corazón gastado y desgastado, lleno de mierda y liendres, como una enredadera seca, seca, sin agua, un niño sin amor o una condena a muerte. Y todo por las locas, las guapas, las buenas. ¡Cómo me puede, una guapa, tonta, loca, imbécil! Total, por lo que es una habitación con vistas y una noche flotando a la deriva. Después las reconoces, cada una en la siguiente y todas en la misma: una mujer-follada es un regalo abierto, un juguete sin pilas. La miras, mientras duerme, cuando estás bien saciado, y piensas: ¿y por esto la muerte? ¿Por esto? Tan seca de hermosura, agotada y sin lazo. Pura puta locura. Un misterio. Oxitocina y feromonas libres, flotantes, inicuas.

 ¡Y cómo se sirven de eso, las mujeres! Me refiero a la veteranísima técnica (transmitida de madres a hijas desde que nos diferenciamos como especie): “De entrada fóllatelo bien follado, hasta que no quiera escapar, o no pueda, o no sepa”. Por eso la mayoría de las mujeres se muestra tan dispuesta, al principio: el sexo viene a ser como una tela de araña. Y como el macho es tonto...

 Porque, señoras, lo que tenéis en casa no da para más. Es la verdad. El hombre resulta en general un pobre idiota con una polla por cerebro. En consecuencia, chicas, si el género masculino es capaz de empaparos las bragas y/o haceros perder la cabeza, tendremos que valorar muy en serio cuál de las dos partes resulta más patética... Está el imbécil y la que se enamora del imbécil. Hagan sus apuestas.

 Ese segundo de más (o de menos) a la hora de la pasión, esa marcha extra en su caja de cambios, es lo que las coloca por encima, a ellas. Una mujer, incluso en mitad de un polvo, es capaz de plantearse: “Sí, pero...” Y esa ventaja es decisiva. ¡La mujer (hasta la más obtusa) hace el amor haciendo planes! El hombre dice sí, firma lo que haga falta y después se suicida...

 Así que, las decisiones urgentes, siempre, siempre después de una paja.

 Para evitar lamentos post-coitales.

 No vaya a ser que luego no quieran que puedas.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Mentiras


 Acostumbro a mentirte, lo hago para que no te quedes mal, para que sepas que me importas como para eso. Te miento porque así es más fácil y no te atragantas con el hueso de la pasión, ni me lloras, ni te quejas de que el color de nuestro amor no pega con la alfombra.

 Te miento porque aunque seas persona para mí eres animal, sigues siendo animal de un tipo dulce y elegante, magnético azulado, pero hembra, y no la humana estricta que te crees.

 Miento porque tu coño habla mejor que tú, porque me entiendo con tu carne más que con tus manías, con tus desvelos torpes, tus historias sobre no ser suficiente y ese desarrollo de mujer cansada de no poder lo que quiere.

 A veces cuando me hablas de tu frío, el terror a tu temor y tus dolores viejos yo sólo espero el instante en que te desnudes y cierres la boca y separes las piernas: es mi mejor manera de ayudarte, de tenderte la mano, de coserte la herida. Lo demás es una pose interminable, un delirio a dos voces que no acaba en el que tú imaginas que no finjo y yo me invento que te soy sincero.

 Quiero tu cuerpo, nada más, y sólo. Y por tu cuerpo, a ti. No quiero broza podrida de discurso ni cena con velas ni atajos al Cielo, sino sólo tu piel y tu silencio, que nos hace mejores, que nos pierde de vista y nos encuentra.

 Es por eso que me lleno la boca de mentiras. Miento porque no quiero engañarte.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Viejóvenes


 Con Jaime, en el Antico:

- Me la follé, sin más- está diciendo.- ¿Sabes estas típicas viejóvenes? Pues eso. ¡Cómo engañan, las tías, en las fotos! Esperas una cosa y sin ropa es muy otra... Yo iba disparatado, quiero decir cachondo perdido, era la primera vez en... bueno, ya lo sabes... desde lo de mi ex... ¿hace ya cuántos meses? Y ella me envió esas fotos, me refiero a la nueva... Carlos, hazte a la idea de que llevaba catorce años tirándome a la misma... ni se me ocurrió decir que no...- suspira- Así que estábamos allí, en ese hostal de mierda que más parecía una casa de putas y de repente esa mujer va y se saca la ropa, o se la saqué yo, ya no me acuerdo. ¡Hostia, aquello era todo carne! Hay mujeres así: cuando se sacan el vestido se les descuelga todo... ¡Casi pierdo la erección, cago en la puta! Me puse a la faena con los ojos cerrados mientras iba palpando, porque estábamos los dos pelín borrachos... y ella pidiendo caña, que le diera de hostias, que la cosiera a nalgadas, cada vez más fuertes... empezaron a escocerme las palmas de las manos... y te prometo que mientras estaba allí, dándole con toda mi alma, pensaba: ¿Qué cojones es esto y qué estamos haciendo? Absurdo por momentos. Si te da por pensar eso con cuatro dedos metidos en el coño de la tipa de turno es que no andas muy fino... Y yo no andaba fino, es la verdad. Me la tiré dos veces. Y entre medias ella venga a acariciarme el rabo. Y yo tratando de recuperar fuerzas. ¡Cómo son estas gordas, joder! Al final resultan más cachondas que las que están buenas. Pero me aburrí pronto. No tenía sentido. ¿Estoy loco por decir que no tenía sentido? Y por supuesto volveré a tirármela, ya te digo. Pero va a pasar tiempo, porque acabé ahíto. Es una maravilla cómo uno es capaz de perder todo el interés nada más descargarse. Joder, ¡la hubiera mandado a su casa después del primero! Pero no habría estado bien. Ella pagaba el cuarto. ¡Nunca más una viejoven, Carlos! ¡Te lo prometo! ¡Con lo que hay por ahí! Pero esto había que hacerlo, tenía que follármela, ya ves. Así es como funciona. Fue como desvirgarme después del divorcio. Y a otra cosa. Mira, ya que estamos, ¿no puedes presentarme a alguna? Digo, mucho más joven. Sin nada contagioso. Y de todo esto no cuentes nada a nadie, bocas. Que nos conocemos...   

viernes, 10 de noviembre de 2017

Para que te me acerques

 

No quiero ir a buscarte,
así que ámame en llano;
no seas como esas locas
orgullosas,
déjate conquistar
fácil, sin nudos,
como bailan las olas
con el viento;
y no esperes un pulso
ni una guerra,
acércame tu mano
animal y de niña,
quiere que yo
te quiera,
no me hagas
perseguirte
ni sufrirte de lejos
como el ciego al paisaje,
si es amor, ven,
desnúdate del miedo,
vivimos, aún
hay tiempo.

martes, 7 de noviembre de 2017

En respuesta


 Dice que amar no es complicarse, sino lo más sencillo, lo más fácil. Yo creo que no, para mí se equivoca. Dice que salgas ahí fuera con el corazón a la vista y te desangres en público como un perro en la plaza.

 Pero no.

 Qué va.

 Será que a ella aún le han dolido poco.

 Porque se gastan los amaneceres, como se gasta el sol, y las promesas. Se van las ganas de esperarte siempre si siempre es cada vez que tengas ganas. “Tiritas pa´ este corazón partío”, cantaba el tipo aquél. Pero ya ni tiritas: cirugía mayor.

 Que no te creo, qué va. Que vas tú con tu sí y te revientan a hostias. Y luego vives sólo para recoger los trozos de lo que va quedando y llamas alma. Es mejor un “no” a tiempo, preventivo. Lo demás son canciones a lo Bryan Adams, mentiras como casas que te cuentan las viejas y los que no han amado sufiente.

 Dice que está de moda no sentir, y lo que está de moda es sentir demasiado: quererse invulnerable, fingirse resiliente empedernido y lanzarse a morir otra vez a la arena. Olvídalo, luego aparece la guapa de turno y te deja sin armas y te acaba por dentro y te deja a dos velas con tus muertos. Qué va, chiquilla. Nada. Ni de coña. Te dejo con tus libros de poesía, tus besos bajo el muérdago y tu historia pendiente.

  Mejor vivir para volver mañana.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Ponte guapa por dentro


 Ponte guapa por dentro. Suéltate de ese mástil, leva anclas. Aunque a nadie más que a ti misma le importe. Demuéstrate que puedes sin pararte a pensarlo. Quiérete como piensas, piénsate como quieras: cruza ese Rubicón, para de odiarte. Recupera la vida que perdiste. Ábrete al mar de dudas, zarpa sobre esas olas y no cejes ni dejes que vengan otros ritmos a cambiarte los pasos... Ten siempre qué esperar sin esperar la cura, agradécete el haber sobrevivido.

 Ponte guapa por dentro.

 Hazte las paces.

martes, 31 de octubre de 2017

A mí se me enamoran


 A mí se me enamoran. Y yo las dejo ser, las dejo en paz, para que corra el aire y no haya equívocos. Pero se me enamoran como locas. Y luego cuesta más decir que no, romper un corazón, dejar espacios. A mí quieren quererme, no les vale una noche, ni un gracias, ni un veremos. Así que busco una salida azul a su mar negro, a su afecto poluto, corrompido de ganas de asfixiarnos. Y me siento asesino de Julietas, como si fuera yo, y no cosa de ellas.

 No doy mi corazón, ni lo presto, no juego.

 Pero se me enamoran. Más amor del que no, con condiciones. Todas quieren quedarse y yo no quiero un techo, ni un amor de papel, volátil, lúgubre, pesado como se aman las palomas. Quiero sólo su sexo y su sexo de noche. Sin testigos. Para que no nos duela. Y nos nos mate.

 Porque ellas se enamoran (pero soy yo quien llora...)

lunes, 30 de octubre de 2017

Fóllale el corazón


 A las mujeres les gusta pensar que hay un amor.

 Uno solo.

 Y lo demás es mero entrenamiento.

 También les gusta pensar que, si sabes cómo, puedes durar toda la vida con la misma persona. Por eso comparten vídeos de parejas de octogenarios que dan consejos sobre cómo amarse bien hasta viejitos y en los que se dicen cosas como “Nunca nos vamos a la cama enfadados”.

 A las mujeres les encanta pensar que el amor, si es amor, es para siempre, por eso publican en Facebook frases del tipo “¿Cuál es la diferencia entre un rato y para toda la vida”? Porque viven convencidas de que ahí está el quid, de que si te lo propones, si te lo trabajas, el amor no muere. Las mujeres viven de eso, de imaginar esas cosas. De otro modo se suicidarían. Por eso no les digo nada, he dejado de discutir sobre esos temas con ellas. Lo necesitan, lo respiran, ese amor de mentira.

 Bastante más de la mitad de las mujeres va por la vida con la secreta esperanza de encontrar a LA persona, la ideal, su complemento perfecto. Lo niegan, claro. Ejercen de realistas de barra de bar, pero por dentro se mueren por su príncipe. Dicen “no quiero un príncipe” pero se pajean con la primera corona que se cruza con ellas por la calle. Están muy hechas polvo, desnortadas.

 Me cuenta un amigo que la chica con la que ha empezado a verse (se supone que es sólo una aventura) le confesó hace poco que aún no se lo ha tirado “Para que no me dejes, después de follarme”. Pues muy bien. Así les va, a las mujeres. La mayoría sigue ofreciendo sexo a cambio de cariño. Por supuesto que las feministas con media cabeza rapada lo negarán al instante. Pero sigue ocurriendo, la mujer liberada es un mito (casi siempre).

 El problema es que la mujer siempre quiere que le folles el corazón, cuando tú me mueres por follarle el coño. Y eso no cambia desde tiempos bíblicos. Para ellas el sexo es un medio, para nosotros, un fin en sí mismo. Son dos posturas irreconciliables.

 ¡Y lo mal que fingen, casi todas!: “Yo no busco nada serio,”- te dicen, al principio- “sólo disfrutar, y el resto ya se verá...”

 Sí, seguro.

 Lo que se os ve, queridas, es el plumero...  

viernes, 27 de octubre de 2017

Viva la vida


 Soñé contigo anoche.

 Me llamabas.

 Y al teléfono yo no paraba de decirte “Te quiero”. Corrí a buscarte.

 Fue de locos porque desperté sintiéndome contigo y eso todavía me deja el cuerpo raro.

 Llevo esta sensación de haber estado a tu lado mientras te escribo para sacármela de encima. Va a resultar que sigo enamorado. Y aunque tu figura ya no sea la misma, recuerdo tus ojos, los guardo conmigo.

 Desde que te marchaste no miro una foto. Ni una sola, nada tuyo. La última vez que lo intenté preferí no sentir esa punzada. Así que quizá haya empezado a olvidarte en los detalles. Y doy gracias. Porque tenerte entera sé que me mataría. Quiero decir sin el velo del sueño, sin esa dosis amable de distancia...

 Todo está bien, va a seguir bien.

 Viva. La vida.

jueves, 26 de octubre de 2017

El gato del naufragio


 Lo que tengo son ganas de alguien que no existe. Que fue, o no es todavía. Porque todo en todas partes resulta menos, mucho menos de lo que sueño a veces. Las personas insisten en esa manía de ser sólo personas. Sobre todo las mujeres. Es el contraste duro entre lo que son y lo que aparentan ser lo que da con la magia al traste. Mujer, si vas a ser mágica, ¡sé mágica de veras! No lo finjas. A ellas les gusta pensar que son el disfraz que llevan puesto, confundirse con su propio personaje. Pero debajo de la costra no suele haber nadie: otra más como todas, una mujer cualquiera, con su inevitable equipaje de miserias.

 Se las ve tan bonitas, y son tan poca cosa. En realidad viven como gatitos después de un naufragio: a salvo sobre su madero, oteando el horizonte por un barco que pase y las recoja y las salve del tedio de saberse perdidas. Andan todas tan locas por alguien que las cuide, las quiera, las proteja... Pero no puedo enamorarme de alguien a quien protejo. No quiero ser de quien se muere por ser mía.

 A diferencia del hombre, la mujer tiene un Plan: traza rectas y curvas, hace esquemas. Porque la asfixia el miedo. No confía. Así que pare niños, contra la muerte (no a favor de la vida). Sucede algo curioso, sin embargo: se le atrofia el corazón después de madre. Algunas te lo explican con los ojos húmedos: “Yo no era así, palabra”, “No sé qué me ha pasado”. Y las ves y te alejas, quieres huir de las locas y los dramas y los vientres hinchados, depresiones postparto, gordas con permanente, amor de mierda.

 Así te vas quedando, casi a salvo.

 Tú también como el gato del naufragio.  

martes, 24 de octubre de 2017

Presencia


 Aunque a veces me parece verla en otras, tan distintas, ya no sé adónde va ni lo que espera. Para mí es como un ángel con su trampa y sin rostro, no se deja abrazar (pero me abraza). Quiero saber por qué aplaza su nombre y suspende el encuentro, aparcarme en su voz y echar el ancla un tiempo. Sólo los años justos, sin el primer invierno. Luego decir adiós, quizá...

 Con ella no es posible hacerse el loco, el torpe, el niño, me desnuda y desarma, me atraviesa... es como una presencia del centro hacia fuera, un cierzo saturado de semillas que se prenden al alma y no te sueltan... y con todo no te sientes capaz de atar su forma, ni conoces su piel, ni su estrategia...

 Me está matando. Lo sabe.

Y aprieta.   

lunes, 23 de octubre de 2017

No pases del principio


Para ella, que aún cree...

 No pases del principio,
después todo es mentira.

Y no me quieras bien
-ni me quieras, siquiera-,
ni me “dejes” salir ni me escondas
en casa, no te me vuelvas señora
con rulos, ni nos quieras casados,
cazados, cansados...

...y ábrete a maravillas,
de piernas, de flores,
con las mismas maneras
del primer encuentro,
sigue siendo quien eres
aunque crezcas
y no te mates nunca
por nadie, por nada...

No te empeñes en niños,
en lirios, en cuentos,
mírate fijo dentro y no hagas
planes, quema el vestido blanco,
los tacones, las medias,
y no te me divorcies de la vida
 por juntarte con uno medio muerto...

No pases del principio,
no te llenes de mierda.

viernes, 20 de octubre de 2017

Señas (después del principio)


 Amar es el amor antes de muerto, lo que viene después (cuando acaba el principio) es otra cosa, gris y arrepentida...

 Amor es sobre todo el recuerdo de amar: ahora te amo mejor que cuando me dejaste.

 El tiempo te hace bien (los años son kilómetros de vida, maneras de juntar y separar... juntar... y separar). Desde lejos tu voz suena más dulce, los errores -hasta lo imperdonable- se hacen ramos de flores, como hitos a los lados del camino.

 Lo sé: yo mismo soy la gruta que atravieso.

 Al fondo veo una luz...

 Tú me haces señas. 

jueves, 19 de octubre de 2017

Si se pone tonta


 Claro que si ellas se parasen a pensar que cada vez que se tragan la lefa están imitando un poco a Saturno, pues... igual ya no se la bebían tan contentas. O sí. Son esos misterios de la psicología femenina que vistos en perspectiva desconciertan...

 Para joder de verdad a gusto, visto lo visto, hay que joder sin pensar. Desobstaculizar el Prejuicio. Porque, si no, puede suceder lo que sucede en algunas parejas cuando ella confiesa: “Cariño, he estado viéndome con otro”.

 Claro, tremenda cochina. Si yo te comprendo. La cuestión es que ahora no puedo sacarme de la cabeza al macho de turno cogiéndote por detrás, llenándote el coño de ese jarabe pálido-lechoso, mientras gime y rezonga como un babuino hediondo, masticando tu boca con los ojos cerrados...

 Así que no, no te perdono. Ve a coger tus cosas, puerca. Y cierra bien al salir.

 El sexo es un misterio mayor que el amor, en cierto modo. Lo que se comparte en una cama, cuando se comparte sin medida, es bastante más profundo que la más oscura de las convenciones que se nos ocurran para el romance.

 Además, ahora que se ha descubierto que las mujeres conservan el ADN de todas sus parejas sexuales, puedes imaginarte... qué puto asco, ¿no? 

 La primera consecuencia es que, a partir de este momento, cuando te comas un conejo, tan feliz, no podrás evitar pensar, al menos por un segundo: “¿Estaré tragándome los genes de otro?” Claro que no es tan sencillo, pero una vez te lo cuentan, es difícil no pensar...

 Además, al parecer, las características genéticas de parejas anteriores pueden transmitirse al embarazo actual. De forma que es posible que tu querido querubín se parezca más al fulano de la discoteca del año anterior que al zoquete de tu marido. Cosas que tiene Darwin.

 Por eso, digo, todo es mejor sin compromiso. Te ahorras dudas, amargas decepciones y tragedias. Sin compromiso vives desapegado, ligero como Neil Armstrong, queriéndolas a todas, repartiendo por el mundo verdadero amor, pasión real, sin ataduras ni enlaces covalentes, sin camisas de fuerza ni chantajes emocionales.

 Y si alguna se pone tonta, es más fácil mandarla a la mierda.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Mi amor no sabe más de amor que un perro


 Conciliar esta gana que tengo de romperte el culo con el impulso ciego de quererte sin cuerpos ni relojes; casar esta locura mía por tus pechos calientes como soles recientes, como estrellas en fiesta, como bultos de lava, y esta otra sugestión casi gris, animal, egoísta, la urgencia por follarte el hueco entre las tetas, por ponerte de cara a la deriva y empezar a drenarte las entrañas...

 Mi amor no sabe estar y vive a gritos, es un pozo tirano, un aguacero de metal fundido (y a la vez se recoge como un niño y te mira a los ojos y te pide paciencia); mi amor te quiere dócil, fulana y mendiga, plena de blando y flujo y anuencia... mi amor no sabe más de amor que un perro, pero busca tus manos en silencio y mientras sueñas te observa desde lejos, loco porque tu "sí" sane su herida.  

lunes, 16 de octubre de 2017

Mi todavía


 Te echo mucho de menos, casi siempre. Como las cosas buenas cuando faltan: respirar, beber el aire, desandar la tragedia al compartirla. El mundo es demasiado no contigo, y todo son extraños, alas rotas, fechas de vencimiento, amenazas de suerte. Sin ti faltan las cosas que más valen y las que menos cuestan, caminar sin destino, las mañanas aquéllas (ya sabes las que digo, tú y yo, el café, las mantas, el Sentido). Me faltas cuando pienso que voy hacia abajo, cuando pierdo pie y se me juntan de malas demasiadas estrellas como agujeros negros, las noches en que me despierto no sabiendo si sueño, me faltas en este ahora tan hueco que se me vino encima al despedirte. Pienso en lo que me queda, la parte del camino que haré solo (aunque duerma con otra), la duda de si has muerto, si aún te acuerdas de ti estando conmigo, de lo que nos faltó, de todo lo que hicimos. Lo nuestro fue como volver a alguna parte hecha de carne y sangre, entre dos cuerpos, un espacio vital, cierta promesa, igual que lo que esconde la semilla. Te me hiciste tan breve, al final. Qué largo que no estés, mi todavía.  

domingo, 15 de octubre de 2017

Medias frutas y frutas enteras

 

 Hay un montón de hombres con feas, estúpidas, sargentos y gordas porque no pueden conseguir otra cosa. Así que les da miedo soltar lo que tienen, piensan: “Más vale una gorda en mano...” Lo sabes tú y ella también lo sabe. Conozco casos graves de apego a la deformidad más manifiesta, a la hijaputez más vomitiva... Así que a veces me siento con ellos (pobrecitos míos) y trato de animarles a romper: “Deja a ese desastre de mujer que tienes y búscate una un poco más decente”, les digo. Pero no suele funcionar. Porque se aferran: “De acuerdo, está muy gorda y huele mal y hasta me pega a veces, pero quién sabe qué me espera ahí fuera...” Son auténticos casos perdidos. Hombres-muñeco. Peleles. Calzonazos. El noventa y muchos por ciento del total de hombres, yo diría.

 Si eres una mujer la cosa es un poco distinta. Muy repulsiva tienes que resultar para que no esté en tu mano elegir (más o menos). Así que si tu pareja es un inútil, un espanto o lo que sea, háztelo mirar. No seas imbécil. Aprovecha tu potencial, sea el que sea. No te conformes con menos que alguien que te merezca. Lo que aceptas en tu vida al final tiene mucho que ver con lo que crees merecer. Así que quiérete mucho (pero sin pasarte). Ama tus tetas, tus caderas, tu vientre. Ama ese ojo torcido, los kilos de más, la carne pendulante... Ellos van a notarlo. Y te querrán más por eso. Si eres buena gente, encontrarás tu media fruta/fruta entera. Sólo espera un poco y no te escondas mucho. Sobre todo no seas una cabrona. Sé buena chica. Buena. Eso es. Ven, toma una galletita...

miércoles, 11 de octubre de 2017

Escapar siempre es volver


 “Si la ves, dile hola”. Eso cantaba Dylan. Cualquier esquina es buena para reencontrarse. Bob contaba y cantaba que quizá dieras con ella en Tánger. Pero Tánger es sólo una metáfora. A veces llueve y corres a buscar refugio cuando de pronto la topas de frente, o te descubre a su lado, porque hay distancias tan largas que sólo las salva la suerte, personas a las que reencuentras sólo por casualidad o de ninguna otra manera. Y entonces quizá ocurre o tal vez no. Lo normal es que no. Que lo evitemos. Tal vez giras la cabeza o hacéis como si no os hubierais dado cuenta. La distancia que cuenta nunca no se mide en kilómetros. Hay gente que huye, pero es gente que no ha comprendido. No se puede escapar. Escapar siempre es volver, aunque nadie nos enseña esas cosas a tiempo.

- “Eres tú... hola... hacía tiempo que no...”

- “Verás, trataba de huir de ti, pero siempre te cruzas.”

- “Lo siento. Sabes, tal vez me mude...”

- “De donde a mí me dueles no puedes marcharte.”

Así que poner tierra de por medio sólo ayuda en parte. En una parte ínfima. La memoria tiene la última palabra. Pero no podemos acordarnos de olvidar.

Y al corazón le encantan las espinas.

sábado, 7 de octubre de 2017

¡Viva the vulva!


 No concibo que se siga hablando de lo que las mujeres “merecen” como si se tratara de algo debatible, como si fueran otra cosa que seres humanos, una especie aparte.

 Se me escapa de verdad que aún se asignen sueldos más bajos a las mujeres en idénticos cargos que sus pares masculinos sólo por su condición de madres potenciales (o únicamente por su género).

 Mismo desempeño, iguales privilegios: esto debería resultar tan evidente como el número atómico del helio o la velocidad de la luz en el vacío.

 Sobran también todas esas listas de mujeres brillantes que han sido en la historia: hacen más mal que bien. Ninguna mujer necesita antecedentes para validarse. ¡No necesitas acordarte de Hipatia de Alejandría para seguir siendo tan buena como ya eres en lo tuyo!

 Así que tú, feliz.

 Y al próximo que te diga que sí, que él "conoce a una mujer que" boxea, escribe, pinta o dispara con arco... lo mandas mucho a la mierda, de mi parte.

viernes, 6 de octubre de 2017

La íntimidad


 La intimidad es esa forma retorcida que tienen dos humanos de juntarse por un tiempo. Para empezar, cuando te juntas, te arrimas, nunca lo cuentas todo. No podrías. Me refiero a que estás deseando follarte por el culo a la misma persona que acaba de preguntarte si para ti ella significa algo más que sexo. Como tu novia no es una muñeca, lo cierto es que no puedes simplemente tumbarla y follártela hasta que se te tuerza la verga y tengan que sacarte en ambulancia. Habrá que negociar. Y negociar es un coñazo casi siempre. Consiste más o menos en algo como lo siguiente:

 “Amor mío, ¿puedes prestarme tu cuerpo una hora y media? Luego te prometo que arreglo el garaje/hacemos juntos la compra/salimos a cenar/le limpio el culo al niño.”

 Cuando una mujer presta su cuerpo sin verdadero interés en el asunto y con la vista puesta en obtener algo a cambio, esa mujer actúa exactamente igual que cualquier puta. ¿Conclusión? Casi todas las mujeres casadas y no casadas que llevan vida de pareja son físicamente indistinguibles de una prostituta en determinados momentos. Como un electrón se parece a otro electrón. Así es como funciona. (¡Uy, lo que ha dicho!)

 Y ésa es sólo una primera miseria del acuerdo matrimonial (o no matrimonial) entre dos partes.

 Luego está la cuestión de los celos, el espacio compartido, los secretos:

 “Mierda, cariño, desde que me presentaste a tu hermana no me la saco de la cabeza ni siquiera cuando hacemos el amor.”
 
 “La verdad es que mi compañera de trabajo sabe ponerme más cachondo que tú con los ojos cerrados.”

 “Te quiero mucho pero estoy tan cansado de tu cuerpo....”

 “Me asquea lo gorda que te estás poniendo.”

 “Acabo de soñar con tu compañera de trabajo, sí, ésa que te cae como una patada en los ovarios. Me la follaba hasta matarla, en el sueño. Y si te soy sincero, ahora ando así como enamoriscado de ella... ¿sabes, la sensación?”

 “A estas alturas de nuestra relación, el ochenta por ciento de las tías con las que me cruzo contigo del brazo me gustan más que tú, cariño.”

 Como se ve: más miseria.

 Jamás lo cuentas todo. No es posible. Imagina que tu pareja sale del baño recién corridita después de haber estado fantaseando con tu hermano/tu amigo/el taxista y de repente te lo cuenta todo, porque ella es así de sincera... No sé. Da como grima. Peste.

 Todo amor acaba derivando en afán de posesión, de dominancia. Y eso es pura basura.

 Lo más triste posible es alguien que no quiere, que se niega a saber, a que le cuenten. Vivir de esa manera.

 Así que tu relación de pareja es una mierda. Un negocio podrido. Ya te lo digo yo. Tu relación. La tuya. La de todos. Estás lleno de caca hasta las orejas, pero no vas a confesárselo ni confesártelo.

 ¿Conoces el caso del tipo que se enteró de que le ponían cuernos, y aunque la perdonó ya no volvió a tocarla de la misma manera? No era capaz.

 Pues muy, muy parecido.

 Y ahora que acaba de demostrarse que las mujeres conservan durante años el ADN de todas sus parejas sexuales... ¡imagínate qué mezcla! Figúrate, así, comiendo coño, de pronto piensas: “Se habrá lavado, ¿no?, me será fiel, no sé, quiero creerlo...” Y mientras tanto estás tragando ácido desoxirribonucleico de otras catorce pollas previas a la tuya (por supuesto, ya sé que no es así como funciona). Pero sirve de ejemplo. La institución no es la Naturaleza, sus ritmos son distintos.

 La verdad es que esto es en general un puro contubernio. Un escándalo de coños y pollas afines y no afines, un interminable intercambio carnal de fluidos y ambiciones... Putas y putos todos. Ni un gramito de amor si es que el amor existe...

 Dirás que a ti todo esto no te pasa, lo vuestro es especial, algo distinto...

 Yo ladeo la cabeza, te sonrío:

 "Claro que sí, bonita".

 Y a otra cosa. 

La mitad de la historia


 ¿Puedes venir a casa, sólo quedarte a querernos un rato, y luego irte sin más, sin hacer ruido?

 Siempre es mejor así.

 No encuentro a nadie que no quiera quererme al final de la noche, que no quiera quedarse a pedir cosas: tiempo, atención, dinero... y es tan difícil cuando tú prefieres apagar la luz y te falta espacio y te sobran abrazos. Porque abrazar es una obligación cuando lo que necesitas es dormir desnudo (desnudo de otro cuerpo, sin su peso).

 No hay una que me quiera como quiero.

 No encuentro un corazón bueno ni medio bueno, sólo tontas alegres, tontas tristes, amantes de manual, sin pizca de carisma, medio fulanas sobradas de oficio. Mujeres que te llenan de problemas, que no aceptan marcharse de tu vida sin arrancarte el corazón y las entrañas, humanas que están locas pero no lo saben, que fueron locas de otro y ahora exigen ser tuyas, sargentas como soles disfrazados, dolores con pezones, bichos malos...

 De vez en cuando alguna como un gatito tierno, es verdad, desvalida, pero tan desvalida y tan tierna que no te la levanta ni con grúa... de ésas que tienes que cuidar, cuidar, cuidarlas, como si fueran niñas o mascotas... ninfas que te la chupan con cariño y luego hasta se asustan, pobres dulces...

 Así que dónde estás, tú, la no loca y no tierna pero tan tierna y loca como la que imagino... Una vez fuiste real, bajo cierta apariencia: por eso sé que existes y te escondes.  

 Sirves como recuerdo del futuro, dices: "todo el dolor es sólo la mitad de la historia".

jueves, 5 de octubre de 2017

Amor es el preludio


 Todo el mundo tiene un amor que no llegó a serlo nunca. Me refiero a un amor de ésos, unidireccional, frustrado de raíz, apenas intuido, de los que son mejores que ninguno porque jamás tomaron forma auténtica. Siempre hay personas que se nos escapan. Personas de las que sabes que no están en tu radar, en tu sónar, aunque lo quieras (y a veces incluso aunque ellas también quieran, caso extraño que ocurre). Pasa antes o después: alguien a quien conoces, alguien a quien deseas y no tendrás nunca. Por ninguna razón en concreto, sólo que no sucede. ¿No te ha roto por dentro, ese tipo de amor, no lo hace todavía? Son amores extraños, a destiempo. De los que no se arreglan y jamás terminan, no del todo, no como los otros, los que sí se comparten y se extinguen solos. Porque el amor, cuando no se consuma, se enquista. La manera mejor de estar enamorado, la más intensa, la más perra y más cierta, es ésa de no llegar nunca a juntarte con el otro. Los amores que mejor recuerdo (salvo alguno, tal vez) son ésos que no tuve, que nunca me quisieron. Los recuerdo, uno a uno, por sus nombres, y me vienen sus formas, sus detalles, como si aún estuviesen, como si todavía. Amores que ahora lo son de otro que sé que no va a verlos como yo los veo. Lo gracioso es que aún hablo con ellas: con algunos amores que no saben que son o que lo fueron. Las veo vivir, como un préstamo irónico que me hace el Tiempo. Me tienta abrir la boca y estropearlo, quizá. Decir lo que me guardo y que sea lo que sea. A lo mejor cuando no tenga tanto que perder (aunque no sepa en realidad qué pierdo), me confieso y les cuento. De golpe. A ver qué pasa. Se sabe que los años mejoran el vino. Y hay gente que es perfecta en la distancia. Está el miedo a saber, a descubrir el truco...  Porque el al amor es amor hasta que empieza.

 Lo que sigue al encuentro es otra cosa.   

miércoles, 4 de octubre de 2017

El amor dura tres (d)años


Así que la gente razona más o menos como sigue:

Si mi relación de pareja no funciona---> debe de ser porque no la cuido ---> y si la cuido y aún no funciona----> debe de ser que esta relación no es la adecuada.

A partir de ahí ves cómo se lanzan, casi todos, a buscar otra persona, probando de relación en relación al tiempo que intentan mantener viva la esperanza. Cada vez que la esperanza flaquea, se recurre al argumento: “Yo (o un amigo, un familiar) conozco a una pareja que lleva veinte años y aún todo les funciona”. Hay que decir que esa “pareja” en realidad no existe, es como los dragones o el cofre del tesoro al final del arcoíris: no aguantaría un análisis realista. Pero la gente necesita creer en ello. Desesperadamente.

Una variante del “Yo conozco a una pareja...” consiste en echar mano de la experiencia familiar. Son los que te dicen: “Mis abuelos estuvieron juntos más de cincuenta años y se quisieron siempre.” Criatura, pregúntale a tu abuelo, sobre todo a él, un día en que lo pilles borracho: tu abuela tiene una cornamenta de alce que no le aguanta la cabeza erguida. Pero eso es algo que no quieres saber y por lo general ninguno va a contarte.

Así que enamorados del amor, andamos todos. Pero los presupuestos están equivocados. Se razona mal, bastante mal- la mayoría de la gente no sabe pensar, porque a pensar también se aprende-, y como consecuencia, se lían.

Entonces -recapitulando- la premisa (en apariencia) es:

“El Amor eterno existe, por cojones”.

Una vez aceptado tamaño disparate, se adecua a esa mentira todo lo demás (al margen de lo que revele la experiencia) para que encaje en el modelo. Éste es un tipo perverso de método inductivo que haría que a Bertrand Russell le estallara la cabeza. De esa forma, en consecuencia, se razona (mal):

“Mis relaciones han fallado hasta ahora porque no eran las que me estaban (pre)destinadas; si busco con ahínco encontraré a ESA ÚNICA PERSONA que me espera.”

Y así luego se suicidan. Cuando no la encuentran.

Todo está tan lleno de basura que nadie cuestiona lo fundamental, y lo fundamental es el modelo (de relación de pareja).

Es el modelo, niños, no las partes, lo que está podrido hasta la misma médula.

Ahí fuera no hay nadie para ti (ni todo lo contrario). Y porque duela no deja de ser cierto.

El amor dura tres (d)años.

Heráclito lo dijo: todo cambia. Tu amor va con el río...

Y no me río.    

martes, 3 de octubre de 2017

Antes de muertos


 Recuerdo que sonaba una canción y había restos de luna en cada parte. También pensar: “¿De verdad es ella?” Tú. Tan parecida a un sueño, tan posible. Aquello era como saltarse el almuerzo e ir directos al postre. Pensé que no iba a suceder... pero te abalanzaste sobre mí y cuando quise darme ya hundías la cabeza entre mis piernas mientras yo me agarraba al respaldo del sofá tratando de ubicarme, de dejar de pensar... 

 Por tratarse de ti, la sensación fue extraña: a punto de correrme, pensaba: ¿me dejo ir en su boca? ¿La detengo? Cualquier otra mujer, en cualquier otro momento, me hubiera dado igual, pero no eras cualquiera... Traté de contenerme mientras tú no parabas, no parabas, y todo alrededor empezó a darme vueltas, dejé de oír las canciones, ya no vi nada más y entonces te oí reír... Busqué a tientas tu boca, con las manos, los dedos, recorrí la distancia entre los dos a oscuras y te besé en los labios: húmedos, tibios, dulces (aunque salados de todo lo mío). Un segundo después el hueco de mi pecho era un refugio donde verte dormir, respirar a destiempo, aún excitada. Nos quedamos así, ni una palabra. Y pensé (si pensé) que aquello era estar vivo. 

 (Luego llegó la muerte.

 Pero ésa es otra historia.) 

lunes, 2 de octubre de 2017

Nunca en voz alta


 Yo siempre quiero follarme más y más y más mujeres sin comprometerme nunca con ninguna. Porque si me comprometo, las engaño. Quiero decir que no les soy fiel, al menos en espíritu.

Me gustan las mujeres sobre todo por su físico. Si además descubro que saben pensar y sentir, me encantan más aún. Pero la mayor parte del tiempo estoy pensando en tirarme todo lo que se mueve: joder, joder y más joder.

Si sales conmigo y tu hermana está buena, igual me la follo cualquier día que te pongas tonta. Tienes que saberlo si vamos a empezar algo. Soy honesto contigo. Alguna vez me ha pasado, y follándome a una he acabado pensando en su melliza. ¿Sabes ese momento en que me presentas a tu hermana y tu hermana es más guapa que tú? No hay cosa más cruel...

Por otra parte, la verdad es que de entrada me habré fijado en ti (como en todas) sobre todo por tu aspecto, y probablemente haya tenido que mentirte (sin duda) acerca de cuánto me interesa lo que tienes dentro (quizá llegue a ocurrir, pero eso vendrá luego). Lo hago, soltarte el rollo acerca de cuánto admiro lo que haces/piensas, porque para metértela tengo que decir lo que sé bien que quieres escuchar. En realidad, sobre todo me gustas porque no estás vieja, ni gorda, ni estrábica. Cada vez que nos vemos, lo que prefiero siempre es ir directos a lo que para mí es más importante: el puro amor carnal. Luego, si quieres, me cuentas tus cosas. Todos esos proyectos y pensamientos fascinantes que tienes. Me gusta escucharte. Pero después. Una vez hayamos acabado con lo urgente. Y, por cierto, en cuanto a eso, si no eres demasiado remilgada y te dejas follar por el culo, la chupas bien y le pones ganas, vamos aun por mejor camino. Respect.

Creo que está genial que seas independiente y te valores por algo más que tu cuerpo. Maravilloso que aspires a que los demás hagan lo mismo (sobre todo los hombres). Pero lo cierto es que si no tuvieras ese coño que tienes, esa cara, no me interesarías de la misma manera. No me interesarías. Una mujer me enamora sobre todo por serlo. Por ser mujer. Por ser bonita. Si es astronauta o ingeniera, bueno, eso también está bien, pero, sabes, no es lo mismo...

 ¿Qué libro dijiste que estabas leyendo?