jueves, 6 de julio de 2017

El enigma deseo

 Es una trampa infinita: la mujer del siglo XXI quiere ser más, mucho más, algo distinto, pero está atrapada en esa obra erótica perfecta que es su cuerpo; aunque lo intenta, la mayoría no puede evitar los arrebatos de sensualidad/apelación descarada a los instintos, y al instante siguiente tal vez corre a alistarse al Batallón Feminista: “¡Necesito ayuda con mi feminidad desbocada!”, “¡Sacádmela, sacádmela!” Le ocurre a casi todas. Entonces esas mismas criaturas arrepentidas se visten con lo primero que pillan y agarran la pancarta cada último jueves del mes para plantarse en la Plaza Mayor a reclamar lo suyo. Pero en secreto... ese demonio taimado, la pose bailarina que se escapa, el ademán al estilo mein Fräulein, la caricia furtiva y demasiado poco progresista, la pulsión irreprimible surgida de lo hondo... “¡Que alguien se agarre a mis tetas y me sacuda con la fusta, por favor!”- grita frente al espejo- “¿No vendrá ningún hombre a esclavizarme?” Qué mal, qué horriblemente feo suena todo esto. El deseo de gustar, tremendo hijo de puta, os tiene a todas agarradas por las gónadas, confundidas y en un tremendo brete: ¿avanzar con los tiempos o acatar el instinto? ¿Cuántas de vosotras desearíais seguir siendo mujeres comme il faut sin perder todo lo ganado hasta la fecha? Colémonos por un momento en ese dormitorio:

(una mujer se retuerce, botones destrozados, bragas por las rodillas, va despojándose de cada prenda mientras chilla)

- ¡Nacho, querido, fóllame este culo mío de asquerosa desarrapada!

- ¡No hables así de ti misma, querida! ¡Me duele oírte decir...!

- ¡Pero es verdad! ¡Soy tu sola gran furcia! ¡Haz de mí lo que quieras! ¡Lo que quieras! Mi cuerpo es tuyo, tuyo...

 (Nacho abre el armario, saca de él unas esposas, la consabida fusta, una venda de seda...)

- ¿Estás segura de esto?- la ata por las muñecas- Pensaba que ya no...

- ¡Me he cansado de ser lo que no soy! ¡Gástame entre tus manos! ¡Como antes!

 (Su novio hace sonar la fusta, corta el aire) 

- ¿Eres una putilla, entonces?- la pone de rodillas- ¿Una putilla infiel, una cochina?

- ¡Seré lo que tú quieras! ¡Lo que digas! ¡Pero no más pancartas! ¡No más invitaciones a lecturas de Simone de Beauvoir! ¡Estoy cansada de eso! ¡Yo quiero ser mujer, sólo mujer!

Y aquí corremos un velo...

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