jueves, 13 de julio de 2017

Entre vosotras y yo (I)

 Entre vosotras y yo, chicas, ahora que nadie nos escucha, decidme la verdad: sois un coñazo, casi todas, ¿no es cierto? La gran mayoría. ¡Y antes de revolveros, seguid leyendo! Por un segundo. Pensad en vuestras amigas. Venga, que sí. Que Paula lo es. Y Margarita. También Elena, aunque lo disimule... ¿Qué os hace diferentes? En serio, miradme a los ojos. No os enfadéis aún. Vamos a ser sinceros. En cuanto a los hombres, cada vez que decidís ir en serio con uno os volvéis un infierno en la Tierra. Cada vez que elegís, decís: “éste es el mío”... Reconoced que os encanta acaparar su vida, la del tipo. De un modo u otro así es como funcionáis. Tú misma. Detén ese impulso loco de negarlo. Mira dentro de ti. Ya sé que duele. Escuece. Pero te trato con cariño, sólo estamos hablando. ¿Ves a esa loca? Ésa eres tú cuando te enfadas. La gritadora histérica que monta una escena. La que pasa en silencio cuatro días. Eso es chantaje emocional. Los llantos, los avisos. El “tú verás si sales”. El “no me pasa nada”. El “deberías saberlo”. Sois un tremendo coñazo forrado en oro. Y lo sabéis. Las más listas de entre vosotras son conscientes, aunque lo callen. Aunque se indignen. Si no fuerais tan bonitas no os aguantaría ni Dios. Vamos a suponer que hay excepciones. Concedido. Pero la inmensa mayoría sois bastante insufribles en los peores momentos. Imaginad que no fuerais hermosas. Insisto. ¿Quién querría una mujer? ¿Y para qué? Nadie, jamás y nunca, ningún hombre. 

 Y las que lo negáis, sois las peores.

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