lunes, 10 de julio de 2017

Mientras te agachas...

 Mi pequeña preciosísima de corazón lisiado, puedo leerlo en tus ojos: te lo han hecho tan mal todos esos cabrones, cómo fue que dejaste... Nadie puede imaginar lo que has pasado. Pero yo sí lo sé, yo lo sé todo. Vengo a sacarte el puñal y a clavarte la estaca, a cambiarte la vida como el pañal a un niño... Tenemos todo el tiempo y yo guardo estas ganas de adorarte, este anhelo de todo lo que tiene que ver con tu cuerpo... Vas a estar comiendo duro hasta que no me quede verga o tengan que coserte las encías.... Voy a ser tu papá y tu fulano, tu Papa, tu pope, tu San Pedro Bendito... me llevarás de recuerdo entre las nalgas como una postal, vas a encontrarme en sueños, sentirme en cada esquina, justo en el centro mismo de cada par de ojos nuevos que se crucen contigo... Sé mi putísima muñeca consentida, toda plástico y cuero, sé mi cerda fulana: cántame una canción de amor mientras te agachas y luego trágatela entera como un polo de leche, siéntela en la entrañas, removiéndolo todo, llora como un cachorro de perra entre mis piernas y júrame que nunca, nadie, en adelante... Porque eso es el amor: dar y dejarte dar, preciosa mía. Abrir los brazos, las piernas, la boca, aprender a aflojar la resistencia, ceder, saber soltar, reconocer la propia lasitud, la infinita congoja de saberse tan sola... Pero estaré contigo, en adelante, hoy te doy mi palabra: sólo aprieta mi mano, no te sueltes...

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