miércoles, 5 de julio de 2017

Saudade

 Supongo que uno no se cura nunca. Lo que viene después es solamente una especie de prórroga. El corazón que te queda te lo guardas, jamás vuelves a darlo- si acaso unas migajas, por pretender que no te importa y puedes-. Durante un tiempo caminas como un muerto. Cadáver y lo sabes. Dentro no queda nada para nadie. El dolor da paso al miedo, el miedo a la desesperanza y por último te vuelves insensible, devienes salvaje, perverso, diabólico. Te comportas como un gilipollas. Y es sólo porque te ha dolido tanto... Algunas noches despiertas de sueños, sueños brutales como puñaladas, y aún te preguntas cómo pudo ella... Ya no esperas olvidar, sino sólo rehacerte y seguir caminando, convivir con esos flashes que llegan de repente y rezar por que dejen de hacerlo algún día. Y con todo, en pleno vacío tu herida es algo así como su propia medicina. Difícil de explicar. Al menos sientes algo todavía... Con los años esa especie de nostalgia se convierte en costumbre. Aprendes a llevarla, convives con ello. Incluso atisbas una luz al fondo... Pero entonces te asalta otra duda, tal vez la más terrible: ¿qué harás, cuando pase?

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