viernes, 7 de julio de 2017

Síndrome de Lacoste

 Si no puedes ser tú, entonces quiero una chiflada igual a ti, con los pelos como después de tocar un enchufe; o una pija de libro, una de estas Lacoste con cara de niña buena que luego te la croman de escándalo y a las que sus padres no dejan volver a casa más tarde de las diez, consentida y estúpida... con tirabuzones y la piel muy blanca, que no tenga demasiadas ideas en la cabeza, o que las tenga todas, que me pueda y me parta y me entierre después de violarme. Necesito una mujer que me confunda y me pierda, lo suficientemente universo ella misma para cegar el mío y así no duela la luz, la demasiada luz del amanecer interminable en el que vivo... Nací lleno de albas, de brillantes razones, las flores están todas enamoradas de mí y yo de todas ellas, si pudiera jodérmelas como una abeja, lamer la superficie del sol que me alimenta, aterrizar entre tus tetas llenas y descansar allí por unos cuantos años... Quiero pasarte por las armas bravas, despedazarte a besos, masticarte las bragas empapadas de esa sustancia tuya que es semilla y estrella, quiero tus ojos plenos, limpios, profundos, sueño tu corazón, conmigo, contra mí, tu culo abierto en pompa, como un Ojo Divino, y hacer allí las paces con la Vida... Aún sigo enamorado y he perdido tus señas. Me queda lejos todo menos tú. Y eso me está matando, mi amor mío...

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