miércoles, 12 de julio de 2017

Trátala bien (I)

 Trata bien a tu mujer. En realidad ella sólo quiere que la quieras, y si eres listo harás lo que haga falta. La Soberana Guardiana del Coño manda en casa (tú eres sólo un peón, como en la canción de Dylan). Así que trata bien a tu mujer, llévala de la mano, hazle regalos, respeta a sus papás, a sus hermanos. Acaríciale la espalda mientras duerme. Y no la contradigas más que para acabar por darle la razón (es lo que las fascina, es el secreto). A veces finge bronca, sólo para que no dude de que todavía te importa (y eso aunque no sea cierto). No dejes que ella intuya que te cansa: tiene que parecer que todavía la amas (al menos mientras no aparezca otra). Tampoco te muestres demasiado amable, no la aburras de ti, no la agotes de bueno. Ninguna quiere un ángel en su casa, aunque digan que sí, aunque te lloren. De vez en cuando sé un poco hijoputa. Es follar y joder, que son cosas distintas. Tratarlas mal a veces es tratarlas bien. El hombre ciego, estúpido, las viste de princesas y les sostiene el manto. Ellas no quieren eso. Quieren guerra. La Guerra y el Amor, como dos caras... Son más listas que tú y juegan en casa, así que tienes que intentar otra salida: tírate a la vecina, a su hermana, o al menos finge que lo has hecho, o que lo harías. Que parezca que puedes y te abstienes. Jamás es lo que haces, sino lo que finges. No des cuartel, no seas como tu padre. Que nunca esté segura, que no pueda decir: “fulano es mío”. Trátalas bien, pero bien de verdad, que es mal a veces. Y si te aburres, mándala a la mierda. Pero con elegancia, como un caballero. La estrategia mejor es dejar que sea ella misma quien decida: “te dejo”. Así tendrás algo que reprocharle, si ocurre alguna vez que vuelve arrepentida. Lo tienes todo a tu favor. A qué estás esperando.  

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