jueves, 31 de agosto de 2017

A heavenly sigh


 Dice que tiene miedo de estar sola. Luego que no: lo que la asusta es estar mal acompañada. Ya lo estuvo. 

 Me confiesa que echa de menos el roce, pero no quiere a nadie que no quiera. Ella no sabe darse sin amor, lo intentó alguna vez y no funciona.

 “Cuando empecé a conocer a los hombres”- me cuenta- “dejé de esperar nada de ninguno. Los hombres son así, bastante cerdos.” 

 Quizá tenga razón. O hable su miedo.

 Yo también tengo miedo. Lo siento aquí como una plasta densa, oscura y que se cierne (sobre mi corazón, el que me queda). 

 Miedo a que decir que sí.

 Miedo a que alguien me importe.

 A ella no le da miedo, le da “susto”. Que es un poquito menos. Algo es algo. 

 Me gusta hablar con mujeres valientes. Las mujeres valientes son sinceras. Es una consecuencia de atreverse. Dejas de reprimir lo que te ahoga. Y te manejas por el mundo de otra forma. “Espero lo mejor de los demás”, me dice.

 Entonces se me ocurre que no puede ser mala. 

 Que no podría fingirlo aunque quisiera.

 Y sonrío.

miércoles, 30 de agosto de 2017

A woman like this


 El mundo está plagado de hembras-lobo, vampiras, operadas, viudas negras... pero también debe de haberlas dulces, plenas de luz, sin sombras, que te mezan y te cuezan en su salsa de amor desde que te levantas hasta que te acuestas.

 De ésas, yo quiero una. 

 Alguien que me despierte sin palabras, con todo lo demás (lo impronunciable), ajena al pensamiento de las cosas, cuerda por estar loca, mapa del territorio de mi ensueño...

 Una para las tardes de vacío, para hacerle el amor mientras repica la lluvia sobre la chapa del tejado y se curvan las flores y la gente en la calle corre hacia los aleros y los soportales llenos de mendigos...

 Y otra (que sea la misma) para las noches sólidas de luna, plena de esa luz pálida sobre la piel, como un espejo antiguo donde perder el miedo a reencontrarse...

 Una mujer así tal vez no exista...  lo cual, por una de esas burlas del Destino, parece el mejor modo de hacerlo para siempre.

lunes, 28 de agosto de 2017

Un quién tan largo...


 Tengo ganas y son ganas de alguien. 

 De hacer el amor y también de hacer crepes.

 (Hay días que dedico enteros a adivinar el corazón de la mujer que viene: y por el corazón le veo la cara. Me gusta, porque es buena, y eso la hace bonita: mágica como la resaca de un poema.) 

Siento el llamado de su cuerpo tibio. 

De su felicidad.

De su promesa.

 A veces eres tú, más a menudo nadie. 

 Y dejo de buscar.

 O me entretengo en fingir que no lo hago.

Ya he contado hasta dos millones treinta.

 Trescientas veces tres, un gúgol de heptillones.

Dijiste que vendrías.

Año y medio después, me sobra espacio.

(¿Cómo iba a imaginar que un “quién” se haría tan largo?)

Blowing your mind


 Luego existe esa clase de mujer que te obliga a buscarla casi como si estuvieras jugándote algo. Le sigues la pista (a las claras o en secreto) y te pierdes en ella, más con cada negativa, peor con cada nuevo rechazo. El hecho es que las encuentras demasiado interesantes, intuyes en ellas un tipo de naturaleza que encajará contigo y haces todo lo posible por que ellas lo entiendan. Y eso aunque a veces ni siquiera se detengan a considerar tu oferta, como si de algún modo resultaras a sus ojos demasiado brusco, explícito o incluso real, sobre todo real, tal vez... Así que las asustas (qué cansancio, cuando las asustas) y ellas se recogen, huyen de ti, se ocultan y se esconden en lo más profundo del sustrato, pero tú no consigues olvidarlas, para ti el mundo no funciona de ese modo. Mientras hay vida, hay esperanza, y sus nombres aún te vuelan la cabeza (blowing your mind) de esa manera extraña, incluso años después, como un cruce entre el sueño y el milagro...

 La cuestión, según parece, sigue siendo alcanzar y mantener el complicado (por sutil) equilibrio entre la devoción y la psicopatía.

 Con un poco de suerte...

viernes, 25 de agosto de 2017

Nosotros dos


A ella...

...cuando sueño te me cuelas como a borbotones, oblongos tajos limpios de arma blanca -y en mi garganta sólo habla tu nombre-, como un cadáver que no acaba nunca, igual que una memoria, involuntaria y larga como una vida que soltase amarras yendo al pairo, con el sol al otro lado de la línea de mar que nunca alcanzo...

...qué cansancio de siempre no y tan lejos, de todo lo que evita mostrar el deseo, todo lo que se acaba y duele y ya siquiera duele, de los recuerdos que pierden su forma, de las garras del Tiempo y tanta gente, tantos que no sin tú, dos que no son nosotros, por todas partes dos, un par, y yo tan uno a solas...

...ojalá que te venga yo en sombras, como imagen de luz cuando cierras los ojos, y no puedas cambiarlo ni mirar a otro lado y aún te duela, como el pulso en la herida de un costado, y aunque no me lo digas yo lo sepa, y pueda ser lo último que veas cuando ya sólo te quede una mirada...

...ojalá que los dos, alguna vez, por suerte, en alguna esquina incauta o escondite imprevisto, y que no quede espacio más que para ir de frente, encontrarnos así, como un Destino, cada uno con el medio abrazo que nos falta, más el caudal de besos que dejamos pendientes...   

miércoles, 23 de agosto de 2017

Lasciate ogne speranza...


 ¿Qué os pasa a las mujeres? En cuanto encontráis a alguien os aferráis a él como la Tierra al Sol y se acabó la fiesta para todos, como si de algún modo fuerais sencillamente incapaces de caminar solas (vais a decir que podéis, pero echaos un vistazo...); mujeres perros de presa, en constante monitorización del nido... rasgos esquizoides, inseguridad crónica, naturaleza gris, especie de Erzsébet Báthory en cada una de vosotras... ¿De qué tenéis tanto miedo? Comeos una manzana. Salid a pasear. Haceos un dedo. Por los buenos tiempos que han sido, y por los que vendrán, abrazad vuestra soltería como una invitación de lujo a la soledad entendida como forma de catarsis y nunca de abandono cruel ni de tragedia. ¿Qué os pasa a las mujeres? Cuánto miedo. Cuánta mierda de miedo.

 Y qué derrota del espíritu.

 La vulnerabilidad parece un requisito indispensable para ser hembra sapiens. Y hacéis bandera de eso, por acción u omisión, casi todas, lo cual es triste y sórdido. ¿De verdad sois tan poco, a estas alturas? Siendo tantas... Acojonadas por la solitude, y más tarde por el potencial abandono, la desatención, desafección, traición, desvío de recursos... Mujeres asustadas: ésas son las peores, las más locas. Los palos en la rueda. Las bombas de neutrones secretamente engastadas en el seno de este modelo de relación de pareja que todavía alimentamos entre todos.

 Y así sigue al acecho, la mujer-cadena, la arrogante y castradora mujer-cárcel. Igual que hizo su madre. Como un engendro infecto desprovisto de amor y atributos carnales. Sin clítoris, pero con espoleta. Con un solemne aviso grabado en la frente (para los incautos polinizadores):  

"LASCIATE OGNE SPERANZA, VOI CH'ENTRATE."

martes, 22 de agosto de 2017

Muñecas


 El gran error de la naturaleza es haber juntado en un mismo lugar amor y sexo, hacer del epicentro de ambos el cuerpo femenino. Porque de ese modo no hay forma de evitar la reificación de la mujer cuando ocurre el encuentro sin amor. Todos los hombres hemos pensado alguna vez en las ventajas de la mujer que nos gusta (físicamente) desprovista de esa necesidad de ser “sí misma”: el ideal del lujurioso será siempre la pura muñeca de carne, pero esto no ocurre en realidad, ni aún en los casos más sangrantes de sometimiento consentido. Así nos conformamos y ellas se conforman. Y mientras tanto el sexo se perpetúa como moneda de cambio... En fin, genios de la cibernética: ¿para cuándo el tecno-coño?

 Gracias.

lunes, 21 de agosto de 2017

Guapa/graciosa


 A veces tienes que fingir que te interesa lo que sale de la boca de la guapa/graciosa de turno sólo para tirártela a gusto. Esto lo hacemos todos y es un clásico. La mayoría de las mujeres se piensa más interesante de lo que es realmente, así que si vas con cuidado y sabes fingir bien un poco aquí y otro poco por allá es posible que llegues a buen puerto...

 La guapa/graciosa suele, también, ir de sensible por la vida. Le apasionan las obviedades del estilo taza con muñeco y letras cuerpo Comic San en la que se lee, por ejemplo, “¡Buenos días, princesa!”, los cuadernos de anillas donde escribir un diario que sólo a ella le interesa y los artículos de Tiger, tipo imán de nevera con flequillos, etc. ¡Tienes que lidiar con toda esa chorrada, chico! Porque ella tiene el Coño. Es la Reina del Conejo y tú sólo un edecán con una verga al filo de lo imposible...

 A la guapa/graciosa háblale de poesía. Engatúsala así. Ella cree que entiende porque ha leído a Neruda y a dos más. Todo lo que esté escrito de forma que parezca recargado, florido, compuesto, hace que se le empape el chisquiwiski como un paño de cocina después del derrame. Aprovéchate de eso.

 La guapa/graciosa va por ahí con camisetas de animales sonrientes y dice que la vida merece la pena porque lo leyó en un libro de Wayne Dyer. Además, le gusta que la saques a pasear bajo la luna, las cenas con velas y cualquier otro topicazo de las películas mainstream que le apasionan. Es una de esas mujeres que todavía llora con La vida es bella, de Benigni, y que de vez en cuando se deja ver en manifestaciones por la liberación de la mujer con una pancarta que dice “Es mi cuerpo y yo decido”...

 La guapa/graciosa intenta desesperadamente ser feliz. Por si eso no bastase, trata de empapar de idéntico espíritu jovial a sus amigas gordas y/o menos agraciadas, en todo lo cual se adivina un ligero tufo a condescendencia de la más vil de la que ella no parece jamás demasiado consciente.

 La guapa/graciosa dice siempre que hay que aprovechar el tiempo, le encanta viaja cada vez que puede y saca muchas fotos.

 A la guapa/graciosa le gusta todo el mundo y utiliza a menudo la palabra “empatía”.

 La guapa/graciosa tiene amigos feos y gordos (de hecho su mejor amigo es siempre feo y rellenito, y si es posible, incluso un poco gay, si no del todo), pero se enamora en todos los casos del guapito del jaguar que por casualidad es abogado, ingeniero o cualquier otra cosa que se le parezca.

 La guapa/graciosa es un caso muy triste. Pero es guapa. Y graciosa.

 La muy cabrona...

sábado, 19 de agosto de 2017

Pisar la Luna


 Paul McCartney dijo una vez: “Haber estado en The Beatles es como... bueno, si has ido a la Luna y has vuelto, ¿qué te queda por hacer?”

 Esto es un poco igual. A veces conoces a alguien que te enseña otra manera de ver la vida, de entenderte a ti mismo, alguien que es capaz de verte (por fin) como eres para darte (casi) siempre la réplica adecuada... Y entonces, si no eres imbécil, te enamoras.

 Una vez que has tenido contigo a esa persona, ya no quieres menos. No se trata de que sólo exista ella, ni de que, tras la ruptura, la busques exacta en todas las siguientes. Pero esa experiencia en común te abre los ojos a una cierta calidad humana, un grado de profundidad en el encuentro al que ya no vas a renunciar en adelante. Y eso porque sabes que todo lo que quede por debajo, cualquier persona que no sepa calarte de la misma forma, sencillamente no te vale. No te sirve. Sería como hacerte trampas. Si decidieras conformarte y elegir para ti a una mujer que sólo “está bien” o “no es tonta”, sabes que a la larga no funcionaría.

 Ahora (después de ella) eres consciente de todo lo que puede dar de sí la sintonía entre dos almas y la consecuencia (alguien diría el daño colateral) de haberos conocido es que las demás se quedan en tan poco, pero tan, tan poco... De pronto lo ves claro: todo el vacío, el desfile de mujeres que no dan para más ni aún a pesar de toda la belleza del mundo... no va a ningún sitio. Es como lo de Paul McCartney... ¿qué haces en adelante? ¿Con qué cara las miras, a todas ésas que vas conociendo y hacen lo que pueden, pero sin la más mínima posibilidad de encandilarte? Una vez que has descubierto el truco al mago...

 La otra opción hubiese sido no llegar a conocer a esa primera...

 Porque sin polvos no hay lodos.

 Pero, bien mirado... ¿quién va a decir que no a pisar la Luna?

viernes, 18 de agosto de 2017

Nadienadas


 Satisfacer a las nenas no es difícil. Lo desesperante es esa sensación que te queda después, la impresión de que tú les das algo que ellas no te devuelven. Entonces sobreviene el vacío. Aunque se pretenden diferentes, ninguna de ellas lo es en lo esencial. Es fácil tomarles la medida, si atiendes a los signos, a la forma y no al fondo (porque la forma es el fondo visible). Cuando se habla de que la mujer es complicada no se entiende lo esencial: un gato es complicado sólo si dejas de tratarlo como a un gato.

 Así que las ayudas a reconciliarse consigo mismas (con esa idea romántica que tienen), haces por ellas todo lo posible y luego las dejas ir. Y es porque las dejas ir que regresan a ti con más fuerza. Como los niños y las ofertas de temporada.

 Por el camino, en caso de que sobrevivas, vas dejando tajos sueltos de tu corazón puro, gigantescos cúmulos globulares de tu propia alma herida.

 Continúas esperando.

 Pero esperar es sólo otra forma de llamar al ejercicio de vivir sin hacer planes. Mientras tanto el sexo va marcando el tempo: cada coño es un hito, otro punto en el mapa. Y dejas ir los meses, que son años. Quizá en alguna de ellas intuyes cierta claridad, y casi te decides a entregarte. Pero el asunto falla (como siempre) en el último momento. Hasta ahora sólo has conocido dos, quizá tres mujeres, que merecieran la pena. ¡Y a una no te la tiraste! Las demás, piensas, han sido para ti como depósitos de esperma, autómatas sensuales, nadienadas.

 Y cada vez la belleza sabe a menos. Quizá porque aprendes a distinguir mejor lo que hay debajo. Da muchísima pereza volver a abrirte a alguien. Por todas esas ocasiones en que te acercaste y fue como alejarlas. Porque no fueron lo que parecían. Otra cita, otro coño sin sentido, e incluso te preguntas para qué existen mujeres como ésa. Supones que para el sexo y poco más. Cosas de la Naturaleza. Al final llegas a la conclusión inevitable de que joder, como comer, no te salva la vida: sólo evita la muerte.

 Si las mujeres pudieran ser más, otra cosa, algo distinto... 

 Mujeres, pero mejores.

jueves, 17 de agosto de 2017

Existe el amor


 He dicho que el amor existe. EXISTE. El amor existe.

 Pero se agota.

 Acaba.

 Languidece. Periclita. Se extingue.

 Inevitablemente.

 ¿Qué parte es la que no entendéis, mis queridas, perfectas, maravillosamente ajenas a la evidencia, criaturas femeniles?

 “¡Yo conozco a dos que todavía se aman!”, chilla la loca del fondo. ¡Pero no, chiquilla! ¡Se a-pre-cian! No se aman. ¿Después de cuánto? ¿Diez años? ¡Qué especie de condena...!

 Os aqueja un mal terrible, princesas sin corona: la oscura NECESIDAD de que el amor sea cierto más allá de sus límites. Tu marido NO te ama, desgraciada balbuciente, abre esos ojos tuyos llenos de legañas y enfrenta la evidencia: lo que tu marido hace contigo es sólo tolerarte...

 ¿Pero hemos dicho diez años? ¡Y cinco también! Eso que viene después es el consuelo de los tontos. ¿Qué quiere significa el consuelo de los tontos? Llevarse bien, hacer la compra juntos, follar de vez en cuando, aprender a aguantarse...

 Como viene, se va. Y hay tanta gente hermosa. Tanta mujer preciosa que si tu marido hablase... ¿Crees que ya lo sabes? ¡Tú no sabes nada, ni lo hueles, siquiera! No hay cuerpo de mujer que aguante cuatro años sin resultar cansino (si lo gozas a buen ritmo). Después quedan las raspas de un amor que no puede plantar cara al hecho duro e incontestable de que hay otr@s...

 En toda pareja llega un momento en que se elije resignarse. Y ese momento coincide con la muerte del amor y el principio del cariño purulento.

 ¡Y antes de que protestes, loca de los rulos! POR SUPUESTO que quieres a tu pareja. Pero no del mismo modo. Y es aquí donde aparecen los expertos para hablarnos del amor entendido como ágape y demás gilipolleces de laboratorio. Lo cual está muy bien. Vaya qué sí. Considerada de esa forma, una pareja hace la misma compañía que un ejército de gatos o una abuela sentada en su silla de mimbre. Pero tú y yo sabemos, aunque te duela por dentro, que ya no es lo mismo, que no sabe igual, y que partir de un cierto punto hay que hacer de tripas corazón y conformarse... si es que no te decides a ser libre.

 Esto lo sabe casi cualquier hombre.

 A las mujeres les cuesta más asimilarlo.

 El amor viene, el amor va... Con la posible excepción del caso de los simples: porque el amor del simple, del imbécil (en su sentido etimológico), suele ser más durable... Si un día (malévola de ti, ¡oh, atrevida!) te decides a parar a la siguiente pareja de ancianitos que se te cruce por la calle (en caso de que no pertenezcan a esa nueva hornada de abuelitos que también se divorcia), comprobarás, con sorpresa, que ni ella ni él dan para mucho más: de bobos, resultan tiernos... Justo ese vacío les ha mantenido juntos.

 En definitiva, lo que os gusta del amor a casi todos es el amor en sí mismo, esa idea vuestra loca del amor exclusivo y excluyente... y haréis cualquier cosa para mantenerlo, incluso arrastrar con vosotras a un tipo que está aburrido de follaros pero jamás va a decíroslo (porque son muchos años, porque a estas alturas, porque qué hay de los niños...). Os conviene creer que no es así. Que os ama como siempre. Que no está hasta los huevos. Pero vuestra pareja va al bar y lo cuenta, que vive aburrido y cansado de vosotras, pero que en cierto modo os quiere mucho...  

 Si a eso llamáis amor, no me extraña...

miércoles, 16 de agosto de 2017

Zorra pero divina


 Es curioso, porque uno se llena la boca con la historia de las mujeres desinhibidas, pero si resulta que es demasiado guarra tampoco la quieres. Y digo guarra porque guarra no es lo mismo que libidinosa. La guarra es una criatura distinta, más insegura, de peor especie, en sí un peligro público. Entre los hombres circula el clásico comentario: te tiras a la cachonda pero te casas con la mamá responsable. Y eso, aunque real, es sólo medio cierto: porque si puedes tener una cachonda que sea a la vez mamá responsable, dios te lo bendiga. Pero se entiende que ellos lo comenten y se comprende aún más que ellas tomen nota. Por la cosa del miedo al qué dirán, las consecuencias indelebles del etiquetado...

 Yo no quiero una monja, pero tampoco todo lo contrario. Si vas a ser Hugh Hefner te deseo suerte. Porque es un viejo triste, se lo ves en los ojos. Hay algo que no cuadra en él, algo ortopédico, papel cuché, repintado y maloliente en esa historia de las tetas de goma y los gorros de marinero con bata de seda. ¿Es el sueño de cualquier hombre? No lo creo. Casi cualquier mujer es más lista que eso. Si se inventara la mujer a la carta... con boca en diez colores y doce tamaños, coño a presión regulable, veintiséis tonos de piel, a elegir el carácter... La publicidad podría sonar así: “¡Con todo lo bueno de una mujer!” Se sobreentiende entonces que sin todo lo malo. ¿Pues sabéis qué? Tampoco la querría.

 Resumiendo: nadie quiere a la guarra, pero la guarra existe. Entonces, ¿para quién? Para la adolescencia psicológica del hombre. Para su simple desahogo animal. ¿Qué dice de una puta, que lo sea? Me refiero a que lo disfrute. ¿Qué pasa si le gusta? ¿Es más puta por eso? ¿Se puede ser más puta que una puta? Definitivamente sí. ¡Y ésas son las peores! Pero si eres mujer y puedes permitirte ser una zorra que sabe que lo es, entonces selo. Marca la diferencia. No hay condición más alta, ni superior posición de poder. En el fondo, Venus era una meretriz consciente. ¿Cuántas fantasías de dominación, qué cantidad insospechada de pajas a la salud del macho dominante pueblan las noches de la mayoría de mujeres de occidente? A los datos me remito: cada vez que se hace una encuesta anónima al respecto, los católicos y las amas de casa se llevan las manos a la cabeza: un abrumador porcentaje de participantes en el estudio desea, anhela, vive desesperada por una verga como vara de mando que le hunda la cabeza en la almohada, un par de esposas, un látigo, un potro de tortura con pompones...

 Así que él quiere una puta (que no lo sea del todo), y en ella hay una puta (consciente) con miedo de mostrarse. ¡Imaginad qué maravilloso encuentro el día en que ambos se desprendan de sus máscaras! ¡Van a encajar como jugando al tetris! La clave es la consciencia, una vez más. Saber saberse bien. Conocerse en detalle. Y es que de cerca lo zorra no se nota (ni lo sátiro). Zorra pero divina. Sólo divina, cuando sabes serlo...

El Amor (según algunas)


 Mis pequeñas durmientes, cándidas y cognitivamente semi-perturbadas mujeres lectoras: hacemos nuestra apuesta en el amor, ¿y qué ocurre después? Perdemos siempre, en cada caso, sin posibilidad de error ni redención, sin vítores de vuelta a casa ni felices perdices al horno. Vuestro amor eterno es sólo un elegante oxímoron, una paja mental, un laberinto a oscuras. Una ilusión ardiente no cambia los hechos. Sé que estáis locas por amar, porque la mujer nace para el amor como el manzano para dar manzanas y las horas de luz para los ojos abiertos. ¡Pero el amor es como un pedo fresco! Al poco queda en nada. Y menos que eso. Sé que esperáis el amor agazapadas, al acecho, con la vista puesta en el gallardo caballero que deberá aparecer por lontananza... y cuando se retrasa os tiráis de los pelos, se os corta la mayonesa, os lanzáis de cabeza al psicólogo. Pero el error no está en el caballero ausente, sino en vuestro loco corazón tullido. No seáis como las niñas, como las tontas torpes que andan como locas buscando un refugio. No va a llegar el hombre que os rescate. Y si ya tenéis uno, bueno, él no es más que otro más, una polla parlante; tan pronto os ama como os deja, su corazón no entiende de contratos. Lo mismo ocurre con el vuestro. Y es lo normal, natural, deseable. La vida es variedad, como un puesto de frutas. Y el amor es como un mango que se pudre: lo mata la rutina, el tiempo juntos, la propia dinámica del cambio (porque tú ya no eres tú y él ya no es él). Así que aprovechad mientras aún está fresco. No os enterréis en vida pidiéndole al amor más de lo que puede daros. Los hombres son criaturas imperfectas (y perfectas en eso), la química se agota, la confianza se pierde (porque se traiciona o se pervierte) y de pronto ya no sientes nada o no sientes igual y empieza la tragedia. Quizá se cruza un tercero en el camino, ¿y quién manda en el instinto de conquista? Vuestros votos son papel con que limpiarse el culo. El amor no cabe en ningún ritual, ya sea pagano o religioso, y una sola persona no basta para siempre. El mundo es un enorme patio de colegio, un gigantesco parque de atracciones.

 Ama el amor en distintas personas. No lo restrinjas, lo seques, lo pudras, limitándolo a otro único corazón. No llames tuyo a nadie. Ni deposites en nadie tu tesoro, que es esa libertad para amar sin medida, para volver a amar cada vez que se acaba. No te emborraches con la idea estúpida de que hay alguien ahí fuera, una sola persona, distinta a las demás, perfecta para ti cuando la encuentres. Lo que es perfecto hoy, sólo es perfecto hoy. Aunque hoy dure diez años. Luego acaba. Y acaba porque cambia. Porque la vida es rica, inabarcable, y las cuerdas del violín se desafinan solas. Cuando alguien me cuenta que lleva quince, veinte, treinta años con la misma persona, yo sé (sé a ciencia cierta) que esa persona es torpe, que está ciega, y rezo una oración por ella y por el otro. Dos tontos mucho más que tontos. Dos niñitos con miedo. Mamá y papá, la mamá del papá y el papá de mamá. Salvando el vértigo de renunciar a la costumbre. Viven y mueren juntos. Y él sabe que algo falla. Echa de menos todo lo que ella no puede, no sabe o no quiere darle. Pero cambiar ahora es una idea terrible. Para personas así, la vida siempre parece demasiado grande y terrible. Se niegan a vivirla solos. Así que encuentran a alguien y ya no lo sueltan así les den por culo con un cactus. Aguantan carros y carretas. Hasta el último día. 

 Ya lo sé, chica, te repites que el amor existe, que existe de ese modo perfecto e inagotable y que sólo depende de encontrar a la persona correcta. Lo cual se explica en parte- que lo creas- porque eres mujer y a la mujer le gusta imaginar que el amor es un pastel de nata con una guinda en lo alto. Así que te corres de gusto con las historias al estilo “El hilo rojo del destino” y demás arsenal del desconsuelo. Porque si no te colgarías de un árbol, ¿a que sí? Lo harías. “Sin el amor, para qué”, te repites. “Si amar va a ser lo que he vivido hasta ahora... imposible, ¡debe de haber algo más!” Y a continuación, como todos los imbéciles que en el mundo han sido, incurres en la falacia: “Como A no me gusta, A debe de ser falso”. Así, por las buenas. ¡Con dos ovarios! O, también: “Como deseo ardientemente X, entonces X debe existir y serme concedido”. ¡Olé, ahí, Paulo Coelho! ¡Tócate los huevos bocabajo! Así que el amor eterno existe PORQUE tú lo necesitas. ¡Viva tu coño! Resulta muy curioso, porque ésa suele ser, irónicamente, la fe de miles de divorciadas, solteronas y mojigatas monjiles que no se han comido una verga en su vida. Normal, mis desqueridas.

 Y lo que os queda.        

lunes, 14 de agosto de 2017

Mujer secreta


 La mayor pesadilla para ellas es desgastarse a los ojos del hombre que aman. Cuando lo han dado todo y no les queda nada más que repetirse, entonces sufren... Es como descubrir el truco del mago. Eso les da pavor, las destroza por dentro, porque todo su poder, su manera de influencia consiste en ese misterio. Una mujer juega con su secreto, lo dosifica, lo muestra con cuentagotas. Cuando la miel se agota ya sólo queda un ser humano desprovisto de encanto, similar, aburrido... La mujer es sobre todo su desnudo, las formas de su desnudo físico y psicológico. Pero si pones sobre ellas el foco potente de una linterna (figurada), entonces ves las junturas, las grietas, el descalabro monumental que ocultan. Y eso las asusta tanto que algunas prefieren morir o desaparecer. ¡Una mujer sin atributos! Desgastada, vacía. Esa cosa era su cuerpo, pero ya lo conoces; y ésa otra su alma, ahora toda a la vista. El encanto de la mujer es fundamentalmente un efecto óptico: lo que hay detrás no suele gustarles siquiera a ellas mismas. Por eso se manejan con tanto cuidado, por eso actúan a la manera de alguien que guarda un tesoro: les conviene que pienses que hay uno (agazapado entre sus piernas, escondido bien al fondo de su alma). Cuando descubres que son sólo piel y huesos, bueno... tal vez vas y te compras un perro.

domingo, 13 de agosto de 2017

Cuentos para mujeres


 Siempre me duele ver a una mujer bonita con un libro. Los libros son para las feas y las madres de familia. Una mujer hermosa es ella misma un libro. Todo ese tinglado conceptual de la posmodernidad y los términos de moda como "gentrificación", "empoderamiento", etc, ad naumseam, culpa de gente calva como Foucault, o muy fea, como Sartre, han hecho tanto daño al mundo que quizá no lleguemos a recuperarnos nunca...

 Estamos rodeados de gente que se excita sexualmente leyendo “Después del fin del arte”, de Arthur Danto, como si hubiera entendido algo; ¡mujeres preciosas citando a Francis Fukuyama! ¡Pero qué ha pasado aquí! Existe un tipo de artrosis mental que empieza con lecturas como ésas y termina aniquilando a la persona. Dejándola idiota. En un momento dado, alguien debió convencer a cierta clase de mujer de que era mucho mejor parecerse a Susan Sontag que a Marilyn Monroe, y todo comenzó a venirse abajo. La cultura provoca vaginismo, frigidez e impotencia, eso está demostrado científicamente. ¡Las bibliotecarias anidan telarañas ahí abajo! ¡Las doctoras en física confunden neutrinos con testículos! ¡Las profesoras de universidad, meros bustos parlantes! Siéntate a hablar con ellas y verás qué risa.

 La mujer animal, la que está loca: ¡ésa es la que enamora! ¡No Simone de Beauvoir sino Juana de Arco (y durante las crisis)!

 Así que suelta ese libro y corre a masturbarte.

 O ve a pescar.

 O siéntate en silencio.  

 Pero no te desgastes ni te mates por dentro. Junta todos tus libros y haz un fuego de hogar del suelo al techo. Ponte un buen vino y música de fondo. Y déjate vivir, consciente y libre.

 Todo lo demás son, mira por dónde, cuentos...  

viernes, 11 de agosto de 2017

Lo que hace la flor antes de caer la lluvia


 Estás loca por alguien que te quiera- pero te quiera bien y no como esos otros...- Amar es una sola cosa. Y es siempre la misma. Lo demás no es amar, es ir tirando. Tal como tú lo ves debería ser sencillo: eres una mujer, quieres un hombre. Uno que no te falle (y no fallar es saber pedir disculpas, disculparse es una acción, no una palabra). Así que ahí estás tú, escarmentando a base de fracasos. Al menos sabes bien lo que no buscas: un tipo gris, sin alma, un bruto, un hombre-mono. Que sepa contenerte, sí, abrazar tu cuerpo, pero sin invadir ni tomar por decreto. Si alguno lo entendiera: que hay una fuerza dulce, hermosa e intensa... ¡No es cuánto, es cómo, es dónde, es hasta cuándo...! Mientras tanto practicas, vas muriendo, dejando atrás, aplazando el desastre como puedes. "Ellos" vienen y van, y aunque intentan quedarse no les dejas. No de ese modo, no con esas reglas. Tú eres oro. Eres flor. Mereces más, sin duda. Y aún hay tiempo... La clave está en confiar en que no es tarde: mientras quieras amar, dice tu instinto, habrá en algún lugar quien quiera amarte...

Recuperar la danza


 Un inimaginable cúmulo de cuerpos de mujeres desnudas, gigantesca supernova de nalgas y pezones, todo color y música, como en los buenos tiempos de la Arcadia... “Para decir que sí a todo, pulse cinco...” 

Sí por el culo. 

Sí de madrugada. 

Sí descalzos y a oscuras.

Sí al llegar a casa.

Sí hasta que te seque o se me parta.

 Vacaciones del dolor y la impotencia. Un descanso rosado de rituales y esperas, visita a Shangri-La sin billete de vuelta... mujeres como lobas, como perras, sencillas y sinceras, transparentes, desrutinización de la experiencia, horda de hembras cachondas y dispuestas, perfectamente lobotomizadas...

 Imagina un desierto de dunas que son pechos que son nalgas que son labios, como agujeros negros pero en fucsia, rojo pasión, brillante rosa chicle... perderse ahí, como un mal boy-scout, como un Scott sin mapa...

 Eso en lugar de tanta excursión al Averno, tanta estúpida y seca cerda segmentada: primer tercio hidrocefalia aguda, segundo y tercer tercio cerrados por descanso para siempre. Y clausurar todo lo que nos mata, lo que hace de nosotros maquinaria, como huevas de mosca suspendidas, movimiento browniano, alergia al polvo, meditando en fracasos y facturas...

 Un consejo de amigo: para recuperar tu alma perdida, empieza por volver a follarte a tu mujer. La tienes mustia y pocha, en barbecho de coño arrepentido...

 Lo haces tú o lo hago yo.

 Último aviso.

jueves, 10 de agosto de 2017

Animalas


 Muchas mujeres, un montón de ruido. ¿No te pasa a veces que después las desprecias? Quiero decir, las tomas y las dejas. Las apartas de ti como veneno. Porque persigues algo que no pueden darte. No saben. Son casi todas sólo cuerpos-cáscaras o fundas sin violín, cuencas vacías. Ese contraste entre la realidad desnuda y lo que sueñas hace que las detestes por momentos. Estabas convencido de que ellas eran más, algo distinto, pero el tiempo ha demostrado que nunca es el caso. Sólo son “animalas”, hembras, pasivas impacientes, hacedoras de planes, aburridas secreciones de lo mismo. Idéntica tragedia en cada caso: vida de la mujer que se piensa distinta y se imagina con derecho a un trono. Todas indistinguibles, planas, aburridas. “Fóllame, Carlos”, “Dame por el culo”, “Jamás has conocido a nadie como yo”, “Es que soy muy yo misma”. Todo tan triste y torpe que da náuseas. Las recuerdas más tarde por sus cuerpos, que están al margen de ellas aunque no lo sepan. Pero ni de una sola te queda su esencia. Así es la vida. Casi sientes vergüenza. Como si se tratara de una falta propia. Lo que te asusta es perder la esperanza. Y mientras tanto, cuantas más, es menos- como la relación entre el amor y el tiempo-.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Rapunzel


Para la que aún me debe...

 Pero usas tu belleza como un arma: haces de flor de invierno, de princesa, y vas sembrando indicios como espinas... Cuando todo lo que quiero es disfrutar tu cuerpo, me lo hurtas y te escondes y te pierdes, igual que si tuviese que pujar por ti, como si fueras la última fruta del cesto. Hazlo más fácil, baja las defensas. Si sólo finjo, y tú lo sabes, no hay engaño. Y mientras tanto me mata esta espera. Déjame entrar en ti, no levantes más diques, no retengas, no apures, no me jodas. Toma lo que te traigo. Haz mi felicidad, por esta sola vez -y luego nada: ni contratos ni deudas ni tragedias-. Me tienes deshojando margaritas, soñándote desnuda en el espejo, quemándome las palmas de las manos...  

El Principio Femenino


 Con Jana, en el Antico:

- También te digo que me agobia- empieza-, me refiero a esa sensación de estar obligada a ser progre a toda costa, ¿me entiendes? A mí me gusta gustar, tengo un problema con eso. Y es que cualquier mujer, vamos a ver, Carlos... ¡no somos hombres y no queremos serlo! Últimamente se han desatado tanto las cosas... casi no nos da tiempo a ser lo que queremos, a asumir todos esos cambios y el grado de exigencia cada vez es mayor... En el fondo el feminismo es un código más, otro conjunto de normas y más normas de mierda y yo no estoy segura de querer acatarlo. Si al final se trata de ser libre, entonces deberíamos dejar a la mujer tranquila, en paz consigo misma y echar a la basura todas esas consignas sobre cómo debería comportarse... Es todo muy corsé. Quiero vestir como se viste una mujer, como se ha vestido siempre, y me importan un carajo todos esas historias sobre el conflicto de roles, el rosa y el azul y su putísima madre. A mí me encanta enseñarme, qué le vamos a ser. Me gusta mostrar mi cuerpo, sentirme deseada. Y si eso atenta contra algo, así sea lo más santo... que se vayan a la mierda. Por no hablar de la cama. Yo no voy a fingir, Carlos. Me vuelve loca hacer lo que me manden. Sentir que me dominan, que me pueden. Yo me visto de puta, de azafata y de chacha, si hace falta. Y que no venga ninguna de esas hippies del coño a dar consejos. Y me gusta pintarme. Y comprar ropa. Y ser un poco frívola, también. Me encanta flirtear y hacerme la inocente. Jugar a que me busquen y me encuentren. ¿Y sabes otra cosa, aunque le duela a algunas? Una parte de mí lo necesita. No se trata de falta de autoestima, es que estoy hecha así. A veces tengo la impresión de que no podría vivir sin la atención de los hombres, sin su admiración, si quieres verlo de ese modo. Sé que me miran al pasar, que me recuerdan y quiero que lo hagan. Eso me da... me da... ¡sensación de sentido! Ay, si me oyeran las jodidas feministas... Oye, que yo soy muy de izquierdas y lo que tú quieras, pero me dan por culo los discursos...

- Amén. ¿Nos vamos a la cama? Por pasar a la práctica, digo...

martes, 8 de agosto de 2017

A todas las demás


 Sabes que te prefiero a las demás, a todas: las chicas que hacen fotos y las que pintan cuadros, las locas y las freaks, las hijas de los ricos -y sus primas-, las que buscan el amor en la poesía, las granjeras que adoro con sombreros de paja y rubor como un resto de vino en las mejillas, las modernas, pálidas señoritas de ojos grandes que me buscan (aunque yo nunca permito que se queden)... te prefiero desnuda de artificio, entera tú, llena de ti, constante, te quiero equivocada, equivocante, como un puño de aire, una antigua esperanza, como si fuera que sin ti no existieran las flores, como en los versos de los malos poetas y en los peores inviernos sin refugio, te quiero para mí libre y completa, como la danza suelta de las hojas en el azul presagio de una estación que empieza...

 Te echo tanto de menos, corazón de piedra...

lunes, 7 de agosto de 2017

Habitarlo solo

 Cuando te fuiste no sabía que ibas a faltar también en las cosas, los lugares, el resto de personas que se cruzarían conmigo. A veces algo tuyo regresa con el viento, como en los cuentos malos, y escucho tu voz (te juro que la escucho). Miro a mi alrededor: todas esas ventanas, se me ocurre, contienen tantas vidas, son tantos corazones que me dan lo mismo. Y mientras yo aún te veo, tú, en alguna parte, continúas haciendo tu camino, llenando horas y días de una vida nueva. Has dejado de notarlo ya hace tiempo (me refiero a que existo, a que aún respiro). Porque a ti los objetos no te hablan, ni yo me oculto en las esquinas, ni aparezco en tus sueños como tú en los míos. El amor es una cosa sencilla. Es sencilla o no es amor ni es nada. Lo que más echo de menos es poder decírtelo. Sobre todo me espanta el vértigo de años por delante en los que no estarás y yo podré haber muerto sin que tú lo sepas. Y mirar hacia arriba, lo que una vez te dije: la oscuridad sin ti, con tu recuerdo. Uno no se da cuenta de lo inmenso que es el mundo hasta que tiene que habitarlo solo.  

miércoles, 2 de agosto de 2017

Cuernos transparentes


Con Luis, en el Antico, dice:

“No quieras saber. Jamás preguntes. ¿Estás loco? Ni de coña. Mucho menos aún si estás saliendo con ella. Esto es un carnaval, ¡una casa de putas, te lo digo yo! Aquí el que no corre, vuela, Charlie, amigo. ¡Todas unas zorras! Ellas, las primeras. Luego se quejan de nosotros, de los hombres. Pero tendrías que ver lo que yo he visto. ¿Las mujeres? ¡Con pinzas! Me espanto cuando escucho a alguno de esos gilipollas que se llenan la boca diciendo “Por mi mujer pondría la mano en el fuego”. ¡Claro que sí, tontolculo! Bah. Esto es peor que un teatro y el que es listo, lo sabe. Lo sabe y calla. ¿Tú te crees que es normal...? ¡Treinta años con la misma y vas a creerte que te ha sido fiel de pensamiento? Vamos a ver, ¿tú lo has sido? ¡Pues eso! ¡Me he tirado a compañeras de trabajo, a alumnas, y estaban deseando echar esa cana al aire! ¡Casadas, prometidas, de todos los colores y pelajes! Las ves cuando terminan, buscando las bragas a tientas, las toallitas del bolso, el maquillaje, con su sonrisa de “No significa nada, todo esto”... Al parecer a-do-ran a sus maridos. Y hasta te miran mal si lo pones en duda. Tócate los cojones. “Es el hombre de mi vida”, te cuentan, “lo que pasa es que yo necesito mucha verga y el pobrecito no da para más, lo tengo hecho papilla...” Una risita y lo arreglan. Mira, yo soy un pedazo de cabrón y eso está claro. Me aprovecho todo lo que puedo. Si quieres una cama, aquí tienes la mía. Me importa un carajo cómo esté tu matrimonio. Pero a veces lo pienso y es de traca... ¡La madre que las parió, a las mujeres! ¡Luego parece que no hayan roto un plato! ¡Ninguna de ellas! ¡Y aún se atreven a llevarte la cuenta! ¡Joder, pero si hasta las monjas...! Por eso no me caso. Yo no me caso, ¡olvídalo! Sé de qué va ese juego. Y apesta a perros muertos. Cualquiera que te diga que compensa, miente. Así que ve y pregúntales. Pero después las lágrimas a otro...”

Mientras mi amigo habla se me ocurre que, si todas son unas putas, entonces ninguna lo es. Y ellos lo mismo. Esto es un putiferio, desde luego. Pero el único delito es el secreto en que se envuelve. 

La cuestión sigue siendo: cui bono... 

Carlos Bonino

martes, 1 de agosto de 2017

Nido de plumas y canciones


 Mi salvaje capitana del desastre, con esos ojos tuyos tan de vuelta de todo... quiero bailar contigo hasta que caiga el cielo como un telón de espuma y duelan los talones y haya que remontarse al sofá más cercano donde juntar las manos y las almas en un tándem de carne y tiempo muerto... quiero contigo todo y a pesar de, con nada más que el cuerpo como un arma de fuego y los besos y el aire que respiras, una cohorte de espasmos y el silencio final que habla sin cifras, pesos ni medidas... Eres como un dolor que viene a despertarme, me llenas vaciándome de espinas, me mueves hacia el centro y hacia fuera, calándome hasta el alma con un frío de abandono, siento tu piel como la superficie de una luna ilustrada, como un ala de pájaro que sueña, y me llevo las manos a los ojos y me lloran y pierden los zapatos, se quedan a vivir entre tus muslos, como si fuera cierto que hay un nido de plumas y canciones al otro lado de tu carne nueva...   

Dulce y extraña


 Con Elena, en el parque. Elena es una... iba a decir mujer, pero aún es una chica. Chica de veintitantos. Castaña, pelo lacio, ojos marrones. Si tengo que ponerle nota... bueno, un siete. Siete con cinco. No está mal. Huele a flores y admira mi trabajo. Dice que algunas de mis poesías le recuerdan a sueños que ha tenido. Se expresa de manera un tanto extraña. Quizá sea su forma de componer las frases. O más bien algo en sus ojos, el contraste entre su mirada y cada palabra que pronuncia, casi como si no vinieran de ella, como si las rescatase de otra parte... Después de una hora y media, helado, charla, banco... se vuelve hacia mí, muy seria:

- ¿Y si te dijera que quiero irme a la cama contigo, Carlos?

- ¿Es oficial?- sonrío.

- Sólo una hipótesis. ¿Qué pensarías de mí?

- ¿De ti? ¿Qué iba a pensar?

- Pues... ¿pensarías que soy una especie de... zorra? ¿De fulana? ¿Una putilla de las tuyas?

- ¡Oh, no, no, no! ¡De ninguna manera y jamás! ¿Por irte a la cama conmigo? ¡Cómo puedes pensar eso!

- Yo no lo pienso. Quería saber si tú...

- Para mí eres perfecta. Además... ¿cómo te lo diría? Es una declaración de intenciones tremenda, ¿sabes? Hacerlo así te convierte en una... Emily Davison...

- Emily... ¿quién?

- ¡J.K. Rowling!

- ¿Y qué tiene qué ver J. K Rowling?

- Además, mis putillas, como tú las llamas... ehm... en realidad no son tales putillas...

- Yo sé que sí lo son.

- Bueno, no todas...

- Estás pensando que soy una fresca.

- ¡Que no lo pienso, Elena!

- Puedo verlo en tus ojos.

- Madre mía...

- Mira, vendrás a casa. Haremos el amor. Pero desde que note...

- Desde que notes, qué.

- Si noto que me lo haces como a una de tus zorras...

- ¡Pero qué estás diciendo!

- Ahí mismo se acabó. No volvemos a vernos.

- Estás como una cabra, con lo guapa que eres...

- Me follas y te largas.

- Y me largo.

- Y ahora bésame, idiota.

- A la orden.