jueves, 10 de agosto de 2017

Animalas


 Muchas mujeres, un montón de ruido. ¿No te pasa a veces que después las desprecias? Quiero decir, las tomas y las dejas. Las apartas de ti como veneno. Porque persigues algo que no pueden darte. No saben. Son casi todas sólo cuerpos-cáscaras o fundas sin violín, cuencas vacías. Ese contraste entre la realidad desnuda y lo que sueñas hace que las detestes por momentos. Estabas convencido de que ellas eran más, algo distinto, pero el tiempo ha demostrado que nunca es el caso. Sólo son “animalas”, hembras, pasivas impacientes, hacedoras de planes, aburridas secreciones de lo mismo. Idéntica tragedia en cada caso: vida de la mujer que se piensa distinta y se imagina con derecho a un trono. Todas indistinguibles, planas, aburridas. “Fóllame, Carlos”, “Dame por el culo”, “Jamás has conocido a nadie como yo”, “Es que soy muy yo misma”. Todo tan triste y torpe que da náuseas. Las recuerdas más tarde por sus cuerpos, que están al margen de ellas aunque no lo sepan. Pero ni de una sola te queda su esencia. Así es la vida. Casi sientes vergüenza. Como si se tratara de una falta propia. Lo que te asusta es perder la esperanza. Y mientras tanto, cuantas más, es menos- como la relación entre el amor y el tiempo-.

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