domingo, 13 de agosto de 2017

Cuentos para mujeres


 Siempre me duele ver a una mujer bonita con un libro. Los libros son para las feas y las madres de familia. Una mujer hermosa es ella misma un libro. Todo ese tinglado conceptual de la posmodernidad y los términos de moda como "gentrificación", "empoderamiento", etc, ad naumseam, culpa de gente calva como Foucault, o muy fea, como Sartre, han hecho tanto daño al mundo que quizá no lleguemos a recuperarnos nunca...

 Estamos rodeados de gente que se excita sexualmente leyendo “Después del fin del arte”, de Arthur Danto, como si hubiera entendido algo; ¡mujeres preciosas citando a Francis Fukuyama! ¡Pero qué ha pasado aquí! Existe un tipo de artrosis mental que empieza con lecturas como ésas y termina aniquilando a la persona. Dejándola idiota. En un momento dado, alguien debió convencer a cierta clase de mujer de que era mucho mejor parecerse a Susan Sontag que a Marilyn Monroe, y todo comenzó a venirse abajo. La cultura provoca vaginismo, frigidez e impotencia, eso está demostrado científicamente. ¡Las bibliotecarias anidan telarañas ahí abajo! ¡Las doctoras en física confunden neutrinos con testículos! ¡Las profesoras de universidad, meros bustos parlantes! Siéntate a hablar con ellas y verás qué risa.

 La mujer animal, la que está loca: ¡ésa es la que enamora! ¡No Simone de Beauvoir sino Juana de Arco (y durante las crisis)!

 Así que suelta ese libro y corre a masturbarte.

 O ve a pescar.

 O siéntate en silencio.  

 Pero no te desgastes ni te mates por dentro. Junta todos tus libros y haz un fuego de hogar del suelo al techo. Ponte un buen vino y música de fondo. Y déjate vivir, consciente y libre.

 Todo lo demás son, mira por dónde, cuentos...  

No hay comentarios:

Publicar un comentario