miércoles, 2 de agosto de 2017

Cuernos transparentes


Con Luis, en el Antico, dice:

“No quieras saber. Jamás preguntes. ¿Estás loco? Ni de coña. Mucho menos aún si estás saliendo con ella. Esto es un carnaval, ¡una casa de putas, te lo digo yo! Aquí el que no corre, vuela, Charlie, amigo. ¡Todas unas zorras! Ellas, las primeras. Luego se quejan de nosotros, de los hombres. Pero tendrías que ver lo que yo he visto. ¿Las mujeres? ¡Con pinzas! Me espanto cuando escucho a alguno de esos gilipollas que se llenan la boca diciendo “Por mi mujer pondría la mano en el fuego”. ¡Claro que sí, tontolculo! Bah. Esto es peor que un teatro y el que es listo, lo sabe. Lo sabe y calla. ¿Tú te crees que es normal...? ¡Treinta años con la misma y vas a creerte que te ha sido fiel de pensamiento? Vamos a ver, ¿tú lo has sido? ¡Pues eso! ¡Me he tirado a compañeras de trabajo, a alumnas, y estaban deseando echar esa cana al aire! ¡Casadas, prometidas, de todos los colores y pelajes! Las ves cuando terminan, buscando las bragas a tientas, las toallitas del bolso, el maquillaje, con su sonrisa de “No significa nada, todo esto”... Al parecer a-do-ran a sus maridos. Y hasta te miran mal si lo pones en duda. Tócate los cojones. “Es el hombre de mi vida”, te cuentan, “lo que pasa es que yo necesito mucha verga y el pobrecito no da para más, lo tengo hecho papilla...” Una risita y lo arreglan. Mira, yo soy un pedazo de cabrón y eso está claro. Me aprovecho todo lo que puedo. Si quieres una cama, aquí tienes la mía. Me importa un carajo cómo esté tu matrimonio. Pero a veces lo pienso y es de traca... ¡La madre que las parió, a las mujeres! ¡Luego parece que no hayan roto un plato! ¡Ninguna de ellas! ¡Y aún se atreven a llevarte la cuenta! ¡Joder, pero si hasta las monjas...! Por eso no me caso. Yo no me caso, ¡olvídalo! Sé de qué va ese juego. Y apesta a perros muertos. Cualquiera que te diga que compensa, miente. Así que ve y pregúntales. Pero después las lágrimas a otro...”

Mientras mi amigo habla se me ocurre que, si todas son unas putas, entonces ninguna lo es. Y ellos lo mismo. Esto es un putiferio, desde luego. Pero el único delito es el secreto en que se envuelve. 

La cuestión sigue siendo: cui bono... 

Carlos Bonino

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