martes, 1 de agosto de 2017

Dulce y extraña


 Con Elena, en el parque. Elena es una... iba a decir mujer, pero aún es una chica. Chica de veintitantos. Castaña, pelo lacio, ojos marrones. Si tengo que ponerle nota... bueno, un siete. Siete con cinco. No está mal. Huele a flores y admira mi trabajo. Dice que algunas de mis poesías le recuerdan a sueños que ha tenido. Se expresa de manera un tanto extraña. Quizá sea su forma de componer las frases. O más bien algo en sus ojos, el contraste entre su mirada y cada palabra que pronuncia, casi como si no vinieran de ella, como si las rescatase de otra parte... Después de una hora y media, helado, charla, banco... se vuelve hacia mí, muy seria:

- ¿Y si te dijera que quiero irme a la cama contigo, Carlos?

- ¿Es oficial?- sonrío.

- Sólo una hipótesis. ¿Qué pensarías de mí?

- ¿De ti? ¿Qué iba a pensar?

- Pues... ¿pensarías que soy una especie de... zorra? ¿De fulana? ¿Una putilla de las tuyas?

- ¡Oh, no, no, no! ¡De ninguna manera y jamás! ¿Por irte a la cama conmigo? ¡Cómo puedes pensar eso!

- Yo no lo pienso. Quería saber si tú...

- Para mí eres perfecta. Además... ¿cómo te lo diría? Es una declaración de intenciones tremenda, ¿sabes? Hacerlo así te convierte en una... Emily Davison...

- Emily... ¿quién?

- ¡J.K. Rowling!

- ¿Y qué tiene qué ver J. K Rowling?

- Además, mis putillas, como tú las llamas... ehm... en realidad no son tales putillas...

- Yo sé que sí lo son.

- Bueno, no todas...

- Estás pensando que soy una fresca.

- ¡Que no lo pienso, Elena!

- Puedo verlo en tus ojos.

- Madre mía...

- Mira, vendrás a casa. Haremos el amor. Pero desde que note...

- Desde que notes, qué.

- Si noto que me lo haces como a una de tus zorras...

- ¡Pero qué estás diciendo!

- Ahí mismo se acabó. No volvemos a vernos.

- Estás como una cabra, con lo guapa que eres...

- Me follas y te largas.

- Y me largo.

- Y ahora bésame, idiota.

- A la orden.

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