viernes, 11 de agosto de 2017

Recuperar la danza


 Un inimaginable cúmulo de cuerpos de mujeres desnudas, gigantesca supernova de nalgas y pezones, todo color y música, como en los buenos tiempos de la Arcadia... “Para decir que sí a todo, pulse cinco...” 

Sí por el culo. 

Sí de madrugada. 

Sí descalzos y a oscuras.

Sí al llegar a casa.

Sí hasta que te seque o se me parta.

 Vacaciones del dolor y la impotencia. Un descanso rosado de rituales y esperas, visita a Shangri-La sin billete de vuelta... mujeres como lobas, como perras, sencillas y sinceras, transparentes, desrutinización de la experiencia, horda de hembras cachondas y dispuestas, perfectamente lobotomizadas...

 Imagina un desierto de dunas que son pechos que son nalgas que son labios, como agujeros negros pero en fucsia, rojo pasión, brillante rosa chicle... perderse ahí, como un mal boy-scout, como un Scott sin mapa...

 Eso en lugar de tanta excursión al Averno, tanta estúpida y seca cerda segmentada: primer tercio hidrocefalia aguda, segundo y tercer tercio cerrados por descanso para siempre. Y clausurar todo lo que nos mata, lo que hace de nosotros maquinaria, como huevas de mosca suspendidas, movimiento browniano, alergia al polvo, meditando en fracasos y facturas...

 Un consejo de amigo: para recuperar tu alma perdida, empieza por volver a follarte a tu mujer. La tienes mustia y pocha, en barbecho de coño arrepentido...

 Lo haces tú o lo hago yo.

 Último aviso.

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